Perspectiva suicida

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DSC_0710Por cuenta de los acordes de
“All I want” de la musa Kodaline.

Todo alrededor se desmorona. Los edificios permanecen, el cielo vuela, la vida de las personas que me rodean sigue. Y sí, yo también estoy en ellas. Pero aunque mis ojos perciben la realidad tal cual es… a mí, me invade la tristeza. En mi interior siento cómo los ladrillos, uno a uno, se aíslan; y entonces es cuando los edificios se desmoronan. El desasosiego se apodera de mí. No hay razón. Lo más desesperante de una mente suicida no es sentir la muerte como única salida; sino dejar de necesitar esa salida, y aún así, seguir descubriéndote acariciando la idea de la muerte. La muerte como un eterno reclamo; es el santo y seña de l@s suicidas. Cuando era desgraciada, cuando tenía motivos para querer huir de una infancia maltratada, o de una adolescencia conflictiva y llena de paradojas que me torturaban, o incluso, de una primera juventud solitaria… era lógico hasta buscar la muerte. Investigar durante horas sobre el mejor modo de suicidarse. El suicidio perfecto. Suicidarse resultó complejo, las variables debían cumplir ciertos requisitos. No sentir dolor no era negociable. Si uno decide irse para no sufrir no tiene sentido hacerlo sufriendo. El suicidio también tenía que ser práctico para l@s que tendrían que descubrir mi cuerpo. Una bañera llena de sangre era una putada, además de una guarrada; por más que la muerte fuera a llegar a ti calentita y envuelta en la neblina del vapor de agua, pensar en la escena que dejaría atrás… estresaba. También estaba la cuestión de la presión; hincar los dientes lisos de una cuchilla en tu propia carne es más difícil de lo que parece, aún más en una persona por lo general pacífica. Y aprovechar la embestida de un ataque de ira… era imprevisible. Recuerdo aquellos días; la muerte era sencilla de comprender, era: la salida.

La mente suicida es similar a la mente anoréxica. El suicida sufre un desarreglo mental y emocional; la realidad que siente y, por ende, la que vive, no tiene porqué corresponderse con la realidad que le rodea, incluso con la que vive una parte de sí mismo. Lo más desesperante, como decía, no es sentir la muerte como la única salida; es conseguir al fin una vida satisfactoria, una felicidad, y a pesar de ello, descubrirse buscando el suicidio perfecto. Por si acaso; para el futuro, que nunca se sabe. Una muerte como un sueño… pero no tan lenta como la hipotermia.

Cuando al fin ya no estoy sola, cuando miro la realidad social y doy gracias con lágrimas de felicidad en mis mejillas por lo afortunada que soy…, cada vez que cambia el tiempo y mis secuelas físicas me recuerdan la suerte que tuve, que hago lo que me gusta, y… lo primero que pienso es: “Perfecto, ya me puedo morir tranquila”.
Después de mi primer intento de suicidio, una amiga me dio el recorte de una revista, aún lo guardo; el artículo se titula: El suicida egoísta. “Es la mayor brutalidad que uno puede cometer contra las personas que te quieren”, cita. Pues bien, es hora de abrir los ojos y la mente a todas las demás perspectivas. Querid@s familiares, querid@s amig@s, querido mundo, ¿quién es el egoísta? ¿Quién me pidió permiso para traerme y para criarme en ese hogar y en esa sociedad? ¿Quién es el egoísta?, ¿el que se muda en busca de una vida mejor sin tener en cuenta cómo afectará su decisión a las vidas de los demás, o quienes se quedan atrás sufriendo por su partida sin ver que es el deseo y la felicidad de esa persona marcharse? ¿Por qué lloramos y sufrimos cuando alguien se muere y no cuando alguien se muda a otro país? Tal vez porque si solo se muda podremos volver a ver a esa persona o hablar con ella cuando nos apetezca… Entonces, ¿lloramos ante la muerte de alguien por el muerto o por nosotros que ya no lo veremos?

El suicidio, como cualquier realidad, no se simplifica por el mero hecho de facilitarnos su comprensión a los mortales. Las realidades son cebollas; son complejas, que no complicadas, y el suicidio, como tal, también lo es. No existe un “mi libertad acaba donde empieza la del otro”, porque nuestras vidas, nuestras libertades, no están imbricadas, sino enmarañadas; queramos o no, nos gusté o no. ¿Es lícito que una persona prohíba a otra elegir? ¿Es la libertad de un fumador contaminar el aire de un no fumador? ¿Y es la libertad de un no fumador prohibir al que fuma de su decisión?

Cada día es como llevar una piel de plomo, como hincharse los pulmones con mercurio al respirar. Vivir como un ejercicio en bucle infinito de paradoja masoquista. Ser consciente: mi cuerpo está programado por los milenios para sobrevivir, y se debate entre el deseo de la vida de cada célula y la muerte que piensa; mi mente juguetea con la idea de morir, persiguiéndola a veces, sometiendo a mis genes a su raciocinio; y mi corazón… mi corazón suplica clemencia, y confuso, al final enferma; y la enfermedad va y vuelve, año a año. Y si en verdad quiero vivir, ¿por qué no dejo la muerte para cuando simplemente me llegue?

Para un suicida, vivir es más que una pesada carga. Pero cada día está lleno de belleza. Y resulta que la pesada carga merece la pena ser llevada: no por las personas que me rodean; sino por mí. Y la muerte… la muerte, al fin y al cabo, seguirá siendo mi amiga imaginaria, siempre estará ahí, como un consuelo.

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Acerca de Alisa De Trevi: Ali.

Alisa De Trevi es el nombre que recoje a mi persona y a todas aquellas de las que bebo, a las que debo la inspiración para crear y vivir, ya que lo segundo es para mí un esfuerzo y lo primero lo que necesito para sobrellevarlo. De ahí la insitencia de que mi nombre es simplemente: “Ali”. De la rama de ciencias puras pero alma versada; aprendiz de todo, maestra de nada. Muy a mi pesar, los múltiples estudios que inicié tuve que abandonarlos por problemas de salud: “¡Bendita salud! que nos trae aquí hoy”. A donde me llega el recuerdo, me veo desde muy niña escribiendo, dibujando; pero han sido las largas convalecencias y el amor los que han hecho germinar en mí el valor y el deseo por compartir lo creado. Mi mayor logro ha sido, y es, rehacerme cada día. Antes de morir, solo desearía encontrarme con los de mi subespecie. trazosdeverso.com

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