La 1ª y la 2ª célula enferma (cuento seleccionado para publicación)

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Con motivo de la selección de “La 1ª célula enferma” para su publicación, le ha surgido a nuestra primera, otra 2ª célula enferma. Aquí la dejo. Y aprovecho para poneros la invitación a la presentación del libro, e informaros a los miles de millones de lectores ;P que podéis conseguir vuestro ejemplar por encargo, al módico precio de los costes de edición (7 €) y gastos de envío (Península 4 €).

La 1ª cél. enferma

Santigold – Freak like me
http://youtu.be/NyunTKdUI10

A Ana, todo un reactivo 😉

La enfermedad: ¿es un estado o una condición? Me siento sola en este ingente cuerpo; asediada por la gente que se deja llevar por el torrente sanguíneo. Levantan los brazos sin mirar al suelo y se lanzan por toboganes infinitos de venas y arterias. No me reconozco en mis iguales; son un espejo borroso; coincidimos en la masa informe de la imagen, pero bajo lupa… Los píxeles son, universos de matices. ¿Siempre fue así, o hubo algún catalizador? Ya de niña, siendo una célula madre, debía de apuntar maneras, porque las otras células madre me hacían el vacío y me llamaban “rara”. Cuanto más me señalaban, más engordaba y engordaba mi membrana celular y más me recogía hacia dentro, mirándome el ombligo, y más me diferenciaba cultivando mis orgánulos; cuanto más se distanciaban de mí, más espacio dejaban a mi alrededor, y yo me veía obligada a rellenarlo, y tenía que expandir mi citosol y hacer crecer mi núcleo, y crecía, y crecía… Quién empezó el ciclo, ¿fueron ellas o fui yo? Las balanzas tienen dos brazos, nunca son mancas, como tampoco son mancas las respuestas; llegan como las abejas, primero una, la exploradora, y después en multitud si encuentran néctar. A medida que iba creciendo, menos miraba al resto, y más me especializaba en el camino tortuoso. Pero fui tropezándome con otras a las que también apartaban del músculo; no nos miramos a los ojos, estábamos demasiado ocupadas con nuestros núcleos, creciendo. Y así seguimos durante años, en solitario, cavando nuestra propia epidermis, juntas pero no revueltas. Me siento sola. Cuanto más trato de relacionarme con las demás células del cuerpo al que pertenezco, más sola me siento. La comunicación es como cualquier tendón, cuanto menos lo estiras y lo usas, más se retrae y se oxida. ¿Estoy enferma?, o, ¿soy una célula enferma? Los cromosomas que están en mi interior me dieron la vida y me conformaron, los odié en mi subconsciente: eran los que me habían creado diferente a ojos de las demás; los combatí durante los años de mi adolescencia y primera juventud; permanecí en estado latente. Al final encontré un propósito, un trabajo que me reconfortaba y que, además, se me daba bien: las sagradas escrituras del ADN. Me volqué en ello como si fuera un flotador en medio del vasto plasma; el Sr. Ácido Desoxirribonucleico era dios, y si dios había creado el mundo también podía mejorarlo; dejé de ir en contra de quien me había dado la vida y empecé a conocer para poder entender. ¡Podía cambiar mi rumbo! Pero aquello que denominaban escrituras no se escribían, sino que se repetían; las mismas historias una y otra vez, una y otra vez, otra vez y, entonces, una. Me consumía copiar y copiar lo que ya estaba dicho. Inamovible. ¡Soy un ser creativo! ¡Que me dejen ser y crear! Así pues, empecé a hacer ligeras variaciones en la cadena del genoma: esta base combinaría mejor con esta otra aquí, este triplete de nucleótidos sería más eficaz con un poco de ritmo de estos otros aminoácidos, ¿que es ruido?, ¡quién lo ha dicho! Me despidieron de la fábrica, pero el ácido ribonucleico ya había concluido su trabajo, y las mutaciones que había creado ya eran inmortales, aunque pasaran milenios archivadas en la genoteca virtual, algún día verían la luz. A lo largo de mi vida me han llamado muchas cosas: desarraigada, bulto, rara, más falsa que una moneda de chocolate (me encanta el chocolate), masa, loca, tumor… zorra. Este fue el último piropo que me dedicaron. Al quedarme en paro, me dediqué, en materia y cuanto, a seguir escribiendo secuencias genéticas por mi cuenta y a probar suerte presentándolas a concurso. Las polimerasas buscaban mejoras evolutivas para las siguientes generaciones. Una de aquellas secuencias mías fue seleccionada, y empecé a sentirme menos sola. Tal vez pudiera entenderme con otras células que también hablaran el lenguaje amino-carboxilo… La esperanza palpitaba en mis membranas. En el email que recibí del organizador del concurso, informándome de que era una de las seleccionadas, descubrí las direcciones de otras concursantes; en mi euforia química, di por sentado que sus escritos también habrían sido seleccionados para ser incluidos en las células sexuales, y que sentiríamos el mundo de los tejidos de igual forma. Y me puse en contacto con ellas enviándoles parte de mi trabajo. Pero me equivoqué. A menudo peco de contradictoria, de malentendida; será que mi inconsciente, igual que pone mi vista en lo diferente, por defecto, busca provocar la diferencia con el resto… Corroborar etiquetas. Meter nuestra complejidad en cajones. Simplificarnos escondiéndonos en armarios. Mi pH es extremófilo. Padezco una demencia senil prematura de laboratorio; olvido una de las máximas de la filosofía de pipetas: ir siempre de menos reactivo a más. Los grandes descubrimientos de la historia se han dado gracias a colaboraciones y al compartir de trabajos en desarrollo. Qué sería un newton sin su faradio. Mis mitocondrias aún están digiriendo a la zorra; qué le vamos a hacer, es el colmo de toda estreñida crónica, repetir la comida. Pero otras cuatro células me contestaron de mejor humor vítreo, y ahora estamos en contacto, conociéndonos… No sé si llegara a algún lado todo esto. ¿Importa? Todo en esta vida puede sintetizarse a ensayo y error. Seguiré probando, enviando mensajes en una botella al universo en diferentes longitudes de onda, esperando, buscando, más que una contestación, un diálogo eterno. Expandirse con otr@ como una supernova. ¿Estoy enferma de mí misma, o soy una enferma para los demás? Los estados de la materia pueden revertirse; quiero licuarme, sublimarme con otr@, que me solidifiquen. ¿Hay enfermedad porque donde hay enfermedad hay cura? O, ¿porque no nos curamos enfermamos? Seguiré probando, gritándole al corazón y al cerebro que me gobiernan: “¿Hola? Hay alguien más ahí…” Aunque solo retornen los ecos. La repetición nos lleva a la locura y a la mejora. En mi caso, creo que me convertí en tumor por abandono: de los demás; de mí misma. Podría remitir; podría congelarme; o podría convertirme en cáncer. Hay tantas opciones… Tantas posibilidades… Podría haber sido tan diferente… ¿podría? Desconozco mi futuro; ¿lo desconozco?

Morir digiriendo sentimientos; morir, solo para demostrar, que teníamos razón: “No, no puedo”.

 

La 1ª cél. enferma-portada

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Acerca de Alisa De Trevi: Ali.

Alisa De Trevi es el nombre que recoje a mi persona y a todas aquellas de las que bebo, a las que debo la inspiración para crear y vivir, ya que lo segundo es para mí un esfuerzo y lo primero lo que necesito para sobrellevarlo. De ahí la insitencia de que mi nombre es simplemente: “Ali”. De la rama de ciencias puras pero alma versada; aprendiz de todo, maestra de nada. Muy a mi pesar, los múltiples estudios que inicié tuve que abandonarlos por problemas de salud: “¡Bendita salud! que nos trae aquí hoy”. A donde me llega el recuerdo, me veo desde muy niña escribiendo, dibujando; pero han sido las largas convalecencias y el amor los que han hecho germinar en mí el valor y el deseo por compartir lo creado. Mi mayor logro ha sido, y es, rehacerme cada día. Antes de morir, solo desearía encontrarme con los de mi subespecie. trazosdeverso.com

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