La tragedia de la belleza (corrección)

Estándar

(Basado en hechos reales: Dedicado a Santi y a Laura)

Gracias a Luis Sánchez por sus clases magistrales

J’y suis jamais alle
“Yo allí nunca fui”
Yann Tiersen
"El monstruo que hay en mí" dibujo a carboncillo

“El monstruo que hay en mí” dibujo a carboncillo

Tres desconocidos buscan llevar a término un encuentro que

siempre se les escapa, un foro web donde se encuentran, una cita

en el calendario, y al fin, el momento que les alcanza,

compartido en la distancia.

 

La sombra que da tu silueta no la da ninguna sombrilla. Un sol como un disco

afilado, pendiendo sobre la cabeza; pero los rayos colados son indulgentes. Arcilla

terrosa en la cuenca de la mano, salitre en la comisura de los labios, cosquillas

líquidas encauzadas por el valle de la espalda, el brío ansioso del cabalgar blanco

de nuevo chirriando en cada vena. Una camisa que se enrosca alrededor del cuello.

Una chicharra marcando la cuenta atrás. Un mar verde, entre el cielo y el suelo,

transpirando el perfume de azahar…

 

En la penumbra fresca de la tarde, el berrido de un móvil que resuena en la pulcritud del piso: la

soledad de las habitaciones, las superficies de los muebles brillantes y despejadas, las revistas

apiladas sobre el escritorio, la ropa doblada encima de la cama, el fregadero vacío, la comida hecha

esperando dentro de la nevera,

la suavidad del pincel acariciando las uñas. “Todo listo, el último esfuerzo y, después…” No habrá

después, dice una sonrisa. De música ambiental, las risas y los gritos de los niños en el parque

entrando por el balcón abierto, trinos de vencejos sobre el circuito de la plaza. El esmeril en la planta

de los pies lijando sus últimos pasos; un culotte de transparencias negras y ribetes naranjas que

erizan los muslos en su ascenso, el camisón de raso que a él le gusta, humedecido por el calor bajo sus

senos, pezones delimitando la tela. Y la cuerda, áspera y rugosa, que susurra crujidos entre sus dedos.

Es el momento: justo, alineado, exquisito…

“… The nights go on
Waiting for a light that never comes
I chase the sun
Waiting for a light that never comes…”
Linkin Park & Steve Aoki – A Light That Never Comes

De azahar, impregnado el sudor en unas manos, que tiñen una camisa de tierra,

enroscándola alrededor de la tráquea como una constrictor. Una serpiente con

mangas blancas que cuelga sobre el torso desnudo. El perfume de esta tierra de flores y

de luz exhalando su adiós definitivo, el zumbido de las abejas sosteniendo el mundo,

los gorriones yendo y viniendo. Unos músculos moldeados que anudan las mangas vacías

de carne, llenas de voluntad, al brazo de uno de los árboles. De rodillas

sobre la tierra grumosa. De la noche anterior, aún mecido en medio del eco del aliento a

malta tostada…

 

“… And I hate that I’m always so young
Have me feeling like you are the one
And it’s never gonna feel like it’s time
Cause it’s never gonna change
Never gonna change…”
BROODS – Never Gonna Change

Exquisito es el hilo que trenza infinitos hilos incapaces de disolverse con un lavado de

estómago vía intranasal; un hilo, como un acuerdo que ya no se puede cortar,

sosteniendo una vida entre sus hebras, la de quien lo anudó. Una cuerda que

espera a que se abra la puerta para completar su existencia y, que aparezca él. “No, así

sí, pero no.” Entonces, con los pies en el suelo, un mensaje que se envía desde el

porvenir…

“… When the flood gates open, erase the shores
At best you don’t care that it breaks some doors…”
Linkin Park

A malta tostada saben los principios que fueron finales desde su comienzo, a ese reflujo

ácido que dejan tras de sí los pactos vinculantes que se firman al final de una soga,

y no de un contrato matrimonial. Pendida de un hilo: la esperanza; la vida. Pero los

watsapp ya no se pueden contestar desde el más allá. No hay sombra como la de las

ramas y hojas. El perfume que ya llega al paladar. La gravedad de la voluntad es lo que

tira del improvisado patíbulo; ni es el peso ni la fuerza ajena, son las ideas. Con las

rodillas cobijadas en tierra, el peso muerto de los pensamientos, el sabor del azahar

como último sustento, el tacto de la corteza en los callos, la camisa que estrangula

el peso de la carga que se libera, la lengua que se expande en silencio dentro de

la boca para decir lo que nadie se atreve: “estoy mejor muerto, es lo mejor para todo el

mundo; mis hijos, mi ex… Mejor muerto sí, por fin el mono desaparecerá”, la nuez que

quiere tragar una decisión, y al fin, la paz con el abrazo en la garganta. Las manos caídas

a los costados del tronco, las rodillas en tierra, su camisa anudada a la rama de un

naranjo y a su cuello: así es como lo encuentran.

 

“… And I hate that I can’t say your name
Without feeling like I’m part of the blame
And it’s never gonna feel quite the same
But it’s never gonna change…”
BROODS

Desde el porvenir se escribe: “No vengas solo mi amor”. Pendiendo de la lámpara de

forja, una soga de triple nudo con un lazo adornando el envoltorio en mitad del

comedor. La sorpresa es el cuello de ella al final del lazo: “para algunos, vivir es más

que un esfuerzo”, las rodillas semiflexionadas con los pies desnudos y las uñas pintadas

de naranja arrastradas por el piso recién pulido, la cabeza ladeada con el cabello

planchado recogido sobre uno de los hombros, la piel de debajo de la cuerda envuelta

en seda, el móvil sobre la mesa, al alcance de la mano, como única carta de despedida.

El clic de la llave abriendo la cerradura y el “espera, no entres, vamos nosotros

primero”.

Surrey Dance Music – Winterling

“La idea de la muerte siempre estará ahí, como una salida.

Tienes que aceptarla, y aprender a convivir con ella”,

es lo que me dijo el Dr. Zafra en la consulta de psiquiatría,

una semana después del accidente

que me impidió acudir a la cita.

Dar las llaves de tu vida a un zombi y

echarse a dormir contra el cristal de la ventanilla.

 

Se dice que nadie ha vuelto de la muerte para contar lo que hay más allá,

también hay quien dice que la muerte es injusta,

que el suicidio es egoísta, y que los accidentes son

impredecibles.

Lo que yo digo es que a veces,

todo esto, pero solo a veces.

A veces hay quien sobrevive para expresar lo que otros no pudieron,

para contar una historia que se evita;

a veces, algunas veces, la muerte es una elección,

el suicidio es una tara, y los accidentes son decisiones de

nuestro subconsciente.

 

Nunca los llegué a conocer en persona, nunca oí sus voces, y nunca

nos preguntamos a cerca de nuestros motivos al encontrarnos en aquel

foro para suicidas: nunca hizo falta.

 

Pero aún pienso en ellos, y en aquel día.

23 de enero de 2005

23 de enero de 2005

Anuncios

Acerca de Alisa De Trevi: Ali.

Alisa De Trevi es el nombre que recoje a mi persona y a todas aquellas de las que bebo, a las que debo la inspiración para crear y vivir, ya que lo segundo es para mí un esfuerzo y lo primero lo que necesito para sobrellevarlo. De ahí la insitencia de que mi nombre es simplemente: “Ali”. De la rama de ciencias puras pero alma versada; aprendiz de todo, maestra de nada. Muy a mi pesar, los múltiples estudios que inicié tuve que abandonarlos por problemas de salud: “¡Bendita salud! que nos trae aquí hoy”. A donde me llega el recuerdo, me veo desde muy niña escribiendo, dibujando; pero han sido las largas convalecencias y el amor los que han hecho germinar en mí el valor y el deseo por compartir lo creado. Mi mayor logro ha sido, y es, rehacerme cada día. Antes de morir, solo desearía encontrarme con los de mi subespecie. trazosdeverso.com

»

Se mi cómplice activo: ¡coméntame! (Sin la opinión del otrx, no existe la mejora)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s