Archivo de la categoría: Colaboraciones

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Con trabajo

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Gracias a La Vitti Bar

a David, Manuel, Ales y Mateo

por la velada de anoche.

Ser Banda:

Percusionista no,

eSQueletista;

Guitarrista no,

NeUrista;

Contrabajista tampoco,

CUerpista;

Vocalista, ¿en serio?,

alMista.

 

Con trabajo

Con dos dedos,

"Con trabajo" para Ales Cesarini, gracias por la master class y la musa.

“Con trabajo” para Ales Cesarini, gracias por la master class y la musa.

solo

con dos dedos

creas arriba

como abajo,

contrabajo.

Con trabajo

de pie

con el instrumento

a veces, entre tus

piernas,

siempre en el abrazo

de tu cuerpo,

haciendo musculación

siniestra,

bailando en el

índice del corazón,

recorriendo el

diapasón,

cruzando el puente

hasta llegar al

alma

con tus dos dedos,

respirando a través

de las eses de su

piel;

trabajo no ingrato,

tocar este instrumento

tan ingente al

tacto.

 

Ales Cesarini

Ales Cesarini y su contrabajo

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Soy Piano (rap, música clásica y poesía)

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Alas de piano de cola (mi visión de un piano de cola con la tapa abierta desde arriba)

Alas de piano de cola
(mi visión de un piano de cola con la tapa abierta desde arriba)

Gracias a Fran Acàmer Mateu por su piano,

al F’art Home de Benimaclet por el lugar

y a Fran T. por ser mi corazón

“Soy Piano” en vídeo&audio (pieza compuesta e

interpretada por Fran Acàmer Mateu):

http://youtu.be/XFebKE5koKQ

Soy bajo tus manos/ tu instrumento. Son tus manos sobre mi cuerpo/ lo que me hace brillar/ y desfallecer. Soy tus blancas y negras/ rozadas/ por tus yemas. Mi piel compuesta de corcheas/ que solo tú/ sabes leer: rápido rápido muy rápido, lame traga muerde mi piel bajo el estómago, mi sed de ti/ es amplia. Lento, lento, muy lento; tus dedos/ sobre mi aliento. Empañado el verano de tu boca en un eclipse, entrelazando nuestros miembros, tus manos sobrevolando mi teclado… Dentro, muy dentro, alcánzame esa lengua que no llego. En mitad de la noche/ o de la mañana, desvelas mi mente confusa y… tus manos; tus manos que revelan el negativo de lo que me anida inquieto. Soy bajo de ti/ un instrumento que al fin suena, tus besos/ me afinan la coherencia, equilibrando mi locura con cordura y una chispa de clarividencia. Tira de mi pelo hecho de acero envuelto en fieltro, levántame la falda de palancas, libera mis macillos del sujetador, desátame las cuerdas de las muñecas, hazme vibrar/ entre tus dedos, exprimiéndome la melodía que oculto bajo este vestido de raso negro pulido, y/ atrápame/ mientras caigo en tu abrazo/ sin tregua, desmigájame la melena, y mientras tu derecha me atiza la brasa, tu izquierda… tu izquierda… tu izquierda… me calma/ y me consuela/ de mis múltiples blancas y negras. Sabes tocar/ mis 97 teclas, sin ti soy huérfana. Y cuando resuenen/ nuestros crepúsculos/ recordaré que siempre/ estuvimos/ sonando/ juntos.

Mujer piano en clave de fa

Mujer piano en clave de fa

Una nueva amiga por Omar Martínez

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Entre familiares y amigos le prepararon una pequeña fiesta el día de su ochenta y cinco cumpleaños.

  Ella bailó algunas piezas porque siempre supo imponerle a la vida un espíritu jovial y fuerte.

  Además, luchaba contra las tremendas punzadas que recorrían su cuerpo cada vez que al ritmo de la música colocaba un pie en el piso; sentía como si tremendas hormigas la mordisquearan con fuerza, pero al escuchar las alegres voces a su alrededor se auto animaba. Durante la misma canción pasaba de un nieto a otro girando guiada por los pasos de la juventud, que la hicieron resistir toda su fiesta.

  Después, en el cuarto, cuando todos dormían, se quejaba en silencio de dolores en la columna y los calcañares; unidos a la constante fatiga que siempre la acompañaba.

  Dando vueltas en la cama lo volvió a ver, entonces intentó salir corriendo de la habitación, pero la voz suave que escuchó frente a ella se lo impidió.

—¡Al fin notó mi presencia! No quería, para nada asustarla.

—Te he sentido todas estas noches, pero decidí no perturbarme. Hoy, parece que con la exaltación de la fiesta, no pude lograrlo.

—Yo necesito que mi mamá la conozca. Ya no sé cómo ayudarla; he intentado miles de maneras para aliviarle esos tremendos dolores articulares que la mantienen postrada hace varios años, desde que murió mi padre. Los médicos le piden que se levante y camine, pero no quiere hacerlo.

  De nuevo se impuso su manera positiva de ver la vida, hablaban de ayudar a alguien, no sabía quién era, pero dio el paso al frente.

—Solo tiene que ponerse este traje y los dos entraremos en contacto con un satélite que nos trasladará virtualmente a mi planeta.

  ¿Satélite? ¿Planeta? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?, repicaban sin parar las preguntas en su cerebro. Un latido de dolor en la columna, al colocarse el traje, dio la respuesta.

  La grandeza y oscuridad del cosmos la impresionaron, aunque el viaje le pareció inmensamente largo. Hasta llegar a una habitación algunos metros más grandes que la suya.

—Mamá, esta es la señora de los vídeos que has visto; te había prometido traerla hasta acá para que hablaran, esto te hará bien; estoy seguro.

  Después de presentarlas el joven pidió permiso para dejarlas solas y que conversaran, pero su mamá lo detuvo:

—Alcánzame las medicinas antes de irte, tú sabes que no puedo caminar.  Me siento muy fatigada; además la columna y los calcañares me duelen mucho.

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 ***

«Nací entre amigos que siempre me empujaron a soñar,
ahora vivo entre sueños que me permiten tener amigos
en cualquier parte del Universo…»

Omar Martínez

Me basta con un soplo del cielo para escribir; pero no, para vivir.

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Steffany Frizzell – Closer
http://youtu.be/6iA0rGY_ig8

 A Manu Fernández,

por ser de la misma subespecie.

Veo el cielo frente a mí, en movimiento. Las nubes con su pesada carga gris se alejan, viven en las alturas. Su pesada y preciada carga… ahí van, ligeras, con aplomo. Alejándose se llevan la vida. Y yo, aquí, resto, esperando; esperando un rayo que me parta, una señal, una mano extendida desde la nada que venga a levantarme. O a empujarme. Postrada con una lluvia con la que no sé qué hacer. Las nubes conocen su destino, y siguen el camino que los vientos trazan. Yo no soy un 75% de agua: soy un cactus. Será esa la razón por la que no sé qué hacer con toda esta agua que riega ahora mi vida…

Sé que me sobran espinas. Pero nací en el desierto, y ahora, transplantada a un terreno fértil, rodeada de gente, observo con incertidumbre el vuelo del cielo pasar sobre mi cabeza en una película a la que nunca antes pertenecí.

Me basta con un soplo del cielo para escribir mi historia; pero no para vivir. Basta de conjunciones adversativas.

Camino, camino.
Bajo el mar, camino…
“Mi escuela son los demás.”

Gracias a Manu Fernández por crear con sus versos este castillo de arena a partir de mi verso.

Gracias a Manu Fernández por crear con sus versos este castillo de arena a partir de mi verso.

Ustedes, los terrícolas… por Omar Martínez

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Björk – Cosmogony

Vía Láctea

Vía Láctea

 

  Las naves interestelares producían un sonido frecuente en sus noches. En ese año los viajes al espacio se habían multiplicado con el descubrimiento de nuevas galaxias habitadas. Ibrahim, un terrícola de casi cuatro décadas y toda la vida dedicada al estudio del cosmos, pensaba en Birma M., su esposa.

  Se conocieron durante una investigación conjunta de científicos de la Tierra y el planeta 33-H, ubicado casi en el centro de la Vía Láctea; en ese lugar se imponía la vegetación, y esto había desarrollado en sus habitantes un organismo muy susceptible a la falta de oxígeno.

  La pareja pasaba la mayor parte del tiempo en naves espaciales, en algún que otro satélite o simplemente en el inmenso vacío cósmico.
Una de estas expediciones tuvo un aliciente diferente: fueron testigo de la «muerte» por fragmentación de dos estrellas novas que enigmáticamente variaron su dirección de desplazamiento y compactaron entre sí. Ibrahim y otro cosmonauta, expuestos a un inmenso peligro se lanzaron al exterior y señalizaron uno de los pequeños cuerpos celestes nacido de este quebrantamiento, con tremendas posibilidades de desarrollo. Lograron vencer la distancia que los separaba y con sus pistolas de rayos gamma-X compresos, pudieron atraerlo y conectarlo al flujo de rayos de la nave; para alejarlo del lugar del colapso.
Al llegar a un punto donde tenía posibilidades de progreso, cortaron la línea de unión y lo dejaron libre. Quizás naciera un nuevo sistema estelar.

  Después de ese acontecimiento, Birma M. notaba un tanto extraño el comportamiento cotidiano de su esposo y con mucha insistencia logró que este le dijera su necesidad de tener un hijo de ella.
—Yo no me siento preparada todavía —fue su respuesta en múltiples ocasiones; y no lograban un acuerdo.
Siempre que se entregaban al amor ella prácticamente tenía que exigirle la correcta protección, situación esta que fue haciendo más dispersas y difíciles las relaciones. Él no se cansaba de pedirle un hijo a su esposa, y ella ya no encontraba palabras para hacerle comprender que debían esperar.

Una noche, despertado por el acostumbrado ruido del ascenso de una nave, Ibrahim intentó tocar a su Birma M., pero ella no estaba.
En la computadora encontró una nota:

“He tomado esta decisión por lo mucho que te quiero, créemelo. Es posible que no lo hayas notado, pero mi esfuerzo por vivir juntos en tu planeta ha sido tremendo. Ustedes, aquí en la Tierra, poco a poco, terminaron con la vegetación, tú conoces bien la historia. Yo estaba dispuesta a continuar a tu lado, porque te amo; pero mi organismo no tiene la capacidad para darte un hijo aquí; nos perderías a los dos.
Concebir un hijo no es lo mismo que hacer nacer una estrella.
La culpa no es tuya, es de ustedes, los terrícolas…”.

***

Vía Láctea

Vía Láctea

«Nací entre amigos que siempre me empujaron a soñar,
ahora vivo entre sueños que me permiten tener amigos
en cualquier parte del Universo…»

Omar Martínez

Campanario: Catalina y Miguel

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Simon Chamberlain – Sonata in C Major, Opus 2, No.3- Adagio
http://youtu.be/EU0alisl60s

Miguelete - Amparo Carbonell

Miguel – Amparo Carbonell

Clic, clic.

Cincuenta metros de caída libre hasta el suelo. Allí abajo, las personas se mueven en una placa de Petri, es como mirar a través de un microscopio hecho de piedra, viento y cielo. Antes de que puedas terminar la frase: “Qué es lo que me está…” ya estás muerto, con tus sueños desparramados sobre la acera. Pero veo una pierna que pasa por encima de la balaustrada barroca, y una cabeza con sus manos y torso que tienta al vacío; sus ojos no miran como los míos hacia abajo, están cegados por la cámara; la piedra tiembla bajo nuestros pies. A mi espalda una señora reza a la vez que se santigua:
–Ay Señor, Santa Madre de Dios… qué se tira, qué se tira.

De pronto, oigo de nuevo… clic, clic.

***

La torre campanario de la Iglesia me atraía ferozmente, era tan estirada que parecía querer tocar el

Catalina - Amparo Carbonell

Catalina – Amparo Carbonell

cielo, mis pies no obedecían, y caminaban directamente hacia su interior subiendo de uno en uno los escalones en espiral. El paredón de la escalera se deleitaba con sus aberturas por donde se podía contemplar el ajetreo silencioso, que desde la quietud interior, se observaba disfrutando de la naturalidad de la existencia.

Al llegar arriba, me quede inmóvil al notar lo que traspasaba por mis ojos y por mi piel. Por mis ojos: la vida; por mi piel: la vida, y rápidamente saqué mi cámara de fotos, no sabía por dónde empezar, miré los huecos de cada lado del hexágono de la torre, y al ver que estaba cara a cara con otro campanario lo plasmé en mi cámara, seguí contemplando la hermosura que percibían mis sentidos hasta que logré encerrarla en la caja de imágenes, para poder disfrutar con ellas y recordar el impacto interno creado en mi cuerpo.

Al pasar los minutos sin notarlos, decidí salir, en ese momento sonaron las campanas, miré hacia arriba donde se percibía la resonancia de su música, combinada con la armonía del tintineo del otro Campanario, este entusiasmo fue el último placer de la aventura, y el momento de partir; tuve que aferrarme, para no caer, no porque estuviera mareada, sino porque no podía dejar de observar ningún trozo por el que iba a pasar; porque no quería olvidarlo.

En estos momentos no existe la soledad, porque todo es de todos.

Alisa De Trevi
Amparo Carbonell (Fotos y 2ª parte del texto)

Algo sobre mí:

Al cruzarse por mi lado dos hombres, no pude evitar escucharlos, decían sobre mí:
–¿Quién es la conoces?
–No, no la conozco pero sé que ama la vida.
–Interesante.
–Sin embargo también sé, que no le es fácil vivirla.
–¿Por qué, si la ama?
–Porque sufre.
–y si sufre ¿por qué la ama?
–Porque lo que le rodea lo ve bello.

Amparo Carbonell

Encuentro y autoconversación

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A Dori, Ana, María, y a su padre.

encuentro2Canción Autoconversación de Pasajero

Valencia, 8 de abril de 1980

Llovía cuando salimos del Tropic Bar. Los dos nos mirábamos con sofoco, como dos adolescentes, curioso pasado que se nos embestía con frescura. Aún recordábamos nuestras sonrisas picaronas: bocas abiertas recogiendo el mundo; aún guardábamos los besos cautelosos: miradas furtivas creadoras de ilusiones.

No llevábamos paraguas, ni abrigos, la tormenta estival nos sorprendió como el encuentro casual en aquel bar. Manuel me agarró de la mano y corrimos hacia el coche. Nos llenamos de risas nerviosas, nos llenamos de ganas, nos llenamos, sí, dos viejos colmados de deseos.

Las piernas no me daban, tantos años sin correr…, y temía caer sobre el suelo mojado, sin embargo, Manuel me estiraba con desespero, me estiraba y corría. No hubo tiempo de llegar al coche. Estábamos empapados. No hubo lugar a palabras fingidas, ni a galanteos artificiales, no, el tiempo se nos había escapado, ¡maldito tiempo que todo se lo lleva!

Manuel me agarró por la cintura y me apretó contra su cuerpo, todavía contundente. Uno frente a otro, miradas nerviosas, labios hambrientos. Recorrió su lengua por mi cuello, bebiendo las gotas que chorreaban por mi piel, lamió con los ojos cerrados, curioso, empeñado en recordar lo que un día probó. Llegó a mis labios y los bordeó con la punta de aquel pincel que dibujaba rincones: lengua diestra, sueños de acuarela. Provocó mi deseo, enervó una lujuria desconocida que exigía una invasión inminente, carne contra carne, mezcla necesaria. Abrí los labios y tragué su carne, lamí sus sabores, como dos locos abrimos nuestros cuerpos empapados, en plena calle, a dos palmos del coche.

El cielo redobló sus intenciones y una cortina de agua regaló privacidad al encuentro sobre el asfalto: charcos recogiendo caudales, nubes fisgonas y tacto macizo, recorrido calado. Nos besamos, como dos animales callejeros nos abandonamos ante las ganas, ante la furia contenida que los años imponen sin arrepentimiento. Locura, sí, hombre y mujer y licencia sobrevenida. ¡Qué justiciero es el destino!

Siempre tuya, Elia

***

<<¿Quién era ese hombre?>>

El funeral ya había acabado hacía seis horas, y Ana seguía revolviendo entre la basura de su padre: brochas, libros, cubos (decenas de cubos de pintura vacíos para todo), bicicletas (más bicicletas que hijas), lienzos, cordeles de todos los tamaños y texturas, poemas, cartas… Una de ellas se deslizó hasta sus pies como una hoja mecida por la gravedad. Era una escritura sincera, abierta, no como aquellos sonetos indescifrables que poseían al viejo. Era la carta de una mujer, ¿sería ella?, ¿sería aquella?: la otra, de la que hablaba su madre. ¿Sería la carta de la misma mujer que había arrancado a su padre del brazo de su madre, la culpable de que él se quedara a dormir en el campo…? Durante su infancia y su adolescencia solo lo veía a la hora de comer, en aquel piso que reinaba su madre sin ser suyo.

Ana se sentó en la misma mecedora que tantas horas había masajeado, con sus manos de mimbre, los huesos de su padre; donde su prima le había dicho que se pasaba las horas de su jubilación leyendo. Su prima, la misma que se había acercado a ella junto al nicho de cemento mientras terminaban de sellar el ataúd, la había abrazado, y con lágrimas le había susurrado: “Tu padre te quería, podía no parecerlo…, pero sé que te quería muchísimo”.
<<¡Qué derecho tenía!>>

–Qué sabrás tú de mi padre…
–Pues sé que quería haber sido mecánico en vez de pintor…, pero sus padres no le dejaron –empezamos a pasear entre cipreses y ángeles de piedra–; sé que le echaba la culpa a la guerra por haber liberado a su padre de la obligación de llevarlo al colegio; sé que aprendió a leer y a escribir por su cuenta, y que aún así, se seguía llamando a sí mismo analfabeto; sé que tenía algo de azúcar y ácido úrico, y que se privaba de comer por ello diciendo: “Toda la vida pasando hambre…, antes por no tener, y ahora por no poder”; sé que la artrosis no lo dejaba quieto y que no fue la razón por la que dejó de escribir –llegamos al aparcamiento–; sé que amó a una sola mujer con la que no se pudo casar y que la sobrevivió con arrepentimiento y amargura; y sé que quería a sus hijas por encima de todo, porque os ha dejado lo que más ha valorado y querido en su vida: sus sonetos; su campo. Yo sé quien era tu padre, si tú quieres saberlo, saber la otra verdad, tengo el coche ahí mismo, te puedo acercar…

Su prima, después de hacerle una visita guiada por lo que fue su padre, la había dejado allí sola, en aquel campo, entre sus cosas cargadas de él y vacías de sí mismas. ¿Quién había sido en realidad aquel hombre? ¿El pintor de brocha, o el de pincel? ¿El poeta? ¿El ciclista? ¿El marido? ¿El padre? ¿Manuel?

Ana se quedó dormida en la mecedora con las perras respirando a sus pies y el regazo lleno de los sonetos agridulces de su padre; abrazada a las cartas de aquella mujer, sin saber, si desbordaban cuentos o realidades. Así fue como la encontré a la mañana siguiente: resacosa de lo que pudo haber sido; resacosa del maldito tiempo.

¡Qué justiciero es el destino!; para quien quiere oírlo.

DSC_0325-1Montse Espinar y Alisa De Trevi

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Algo sobre mí…
El encantamiento, la fascinación, dejarse llevar, atreverse y perder la orientación… ¿A quién no le gusta cerrar los ojos y abandonarse al sueño, a la fantasía, a la capacidad consoladora de manejar los hilos de la historia, de la inventiva? Volvamos atrás, o no, mejor, demos las zancadas necesarias hasta llegar a aquello que aún no ha ocurrido: lo desconocido, lo imposible, lo incierto, lo difícil… ¡Bailemos, eso es! Recorramos aquellos rincones misteriosos que se nos muestran como una insinuación, como un latido sugerente de reservas y profundidades provocadoras. Pasemos al otro lado, palpemos aquello que no tiene tacto, olfateemos aquello que se dispersa en un ambiente de aromas veleidosos; degustemos el suculento plato de la ilusión y no permitamos que la materialidad, con sus manos constrictoras, deshaga la maravillosa capacidad de soñar.

Montse Espinar