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Una obra de arte no se acaba: se abandona 2/2

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Fever Ray – If I had a heart

Subtitulado en español

 

(Si no puedes ver el “vídeo” aquí abajo el texto)

No tengo miedo a perderte, me crié acunada por la oscura muerte plagada de estrellas, donde solo yo admiraba su belleza; tengo miedo a tenerte, que te quedes y me sigas dando esta paz y esta balanza con la que pinto cuadros y mi día a día. ¿Qué hago con este algodón de azúcar sino es comérmelo? Y “qué hacemos con lo cotidiano sino es sacarlo de sus casillas”. Aceptar lo inconcluso, la escotilla abierta por la que entra el agua. Resignarse a la belleza de lo que uno es y aborrece. Bailar este tango con el diablo o con la muerte. Hacerle un striptease al desencanto. Vendarle los ojos al aburrimiento. Llenarle la boca de flores al retorcido. Atarle las manos a la inercia. Despertar cosquillas al enfado. Masajearle los pies a la impaciencia. Contarle un chiste a la contrariedad. Mirarte, mirarme; te veo ahí dentro, agazapada, de esta no te libras, me abrazaré fuerte hasta que se me duerman los demonios de aburrimiento. No del todo tampoco, lo suficiente: tenerlos aletargados para que sigan alimentando con su fuego. El que viene de las llamas sin llamas es que muere, a manos del oxígeno. Ser como los demás: la musa de alguien que los observa con avaricia, con ojos de nuevo, con el ceño siempre fruncido y la maleta en la mano. A falta de no poder ser los demás, ser uno mismo, ser el escritor y la musa. Salir a buscar el corazón en otra parte; la de los demás. Oír de nuevo tambores en la carótida cuando te rodea la neblina de lo desconocido; la humedad que riega tu intelecto, desbocando neuronas sobre el papel.

Qué es lo que me pasaba…

Y todo comenzó con un verso que se recuperó entre otro verso.

La poesía. La poesía que despiertan tus labios sobre los míos. O su ausencia. La poesía que viaja rápido entre las medias de tus letras. ¡Mujer tenías que ser!: poesía. Para volverme loca entre tus piernas. Y quien no te adore que no te venda. Que de versos voy y vengo, y en versos me desharé; despacio. O vertiginosa como cuando con tus fonemas me das el orgasmo. Cualquiera que sea la lengua que te mencione tiene el poder de desenterrarme. Quien no te sienta que no te pronuncie, aunque te entienda. Porque sintiendo se puede amar lo que no se comprende, pero no se puede aunque se entienda si no se siente.

Y la cama prendida de la bombilla del cielo nocturno. Y todo fue por la mención de un solo verso; ayer, hoy. El mío en el tuyo, el tuyo que resultó ser suyo.

Y como en algún lugar hay que poner el punto final, porque es el punto final el que da inicio al principio…, aquí mismo, pues da lo mismo el fin, como el principio mismo.

Una obra de arte no se acaba: se abandona (1/2)

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Bajofondo – Cuesta arriba

(Para lxs que no puedan ver el “vídeo”, a continuación el texto.)

Pero qué es lo que me pasa!
Pero qué es lo que te pasa?

Llegas de la nada, como una neblina matutina, me envuelves con tus palabras húmedas, me calas con el espíritu y remueves la tierra en la que se asientan mis suelas. Tú no eres la respuesta, eres la pregunta; la pregunta que es una nube acosadora de sueños. Y dentro de tu traje gris me siento como un guante. Pero sigues sin ser la respuesta, eres la pregunta infinita. La pregunta que atiza la paradoja de mi esencia. La escusa para seguir siendo yo misma perdida en medio de la niebla vespertina. A todas horas, rodeada de ti, a todas horas; me asfixias, voy atada a tu cintura con un tango mediando entre nosotros. Y si pudiera meterme la mano por la boca y bajando por la garganta prendiendo con mis uñas tu pelo llegar al fondo de donde habitas, y arrancarte como un vómito. Tu mano en mi cuello, deslizándose por la espalda, la confianza de la gravedad en mi peso, mi peso, todo mi peso sobre mi cuello y mi cuello en tu mano, suspendida la alegría, el suspiro y la náusea. Te juro que de mi arrullo te arrancaría, si pudiera. El poder es un mañana que no sé si llegará. Te mandaría lejos, con los que me dieron la vida con la que hoy juego. Te dejaría envuelta en esa niebla como una manta, y lloraría tu pérdida como también lloraría si no te fueras. Como lloro tinta ahora porque eres parte de mí, y yo de ti, más de lo que quisiera, siempre de ti.

¿Qué es negro por fuera, por dentro blanco, y luego, blanco por fuera, negro por dentro? Así rezará mi epitafio, el final será como el principio; un epitafio sin tumba labrado a golpes sobre la carne del espíritu y la mente, incapaces de concebir la gloria sin tormento; y el tormento como argamasa agradecida que construya la alegría.

Pero qué es lo que te pasa!
Pero qué es lo que me pasa?

Qué te ocurre que vienes a remover la tierra que me reúne y me sustenta. Qué me ocurre que abro la puerta a desconocidos cuando al fin la paz habita mi hogar: hogar. Me ocurre que soy hija del aceite y el mar; que llevo transcrito en mis genes el ADN del suicidio. Quién imaginaría que el peor suicida no es el que lo logra, sino el que decide jugar al tango con la muerte.

Siento tus dedos en mi garganta; cómo se me acalora la carne y la tregua: la humedad de tu lengua absorbiendo el sudor de mi axila, mi dedo entre tus dientes, mi pierna cercando tu cintura, una roca viva endureciendo tu bolsillo, la siento a la altura de mis ingles, la leche derramada sobre el vientre, mi aliento sobre tus párpados, el temblor de una caverna entre callosidades: hacer sexo con las palabras y el amor con los pies. Subiendo y bajando. Arriba como abajo. Tu mano mis ojos tus dedos mis pupilas tu nuez mi clavícula el perfume de tu barba en la mandíbula y mis transparencias ocultas.

No sé si sé lo que me pasa. Pero que me ocurra contigo. Con ningún otro, amor mío. Fantasías que sé que son quimeras. Y por ello es que las tengo y anhelo. Mas cuando se hagan carne o tierra desvanecerán mi interés; respira. Y aunque lo sé, me dejo y me atormento. Porque sin ti, mi niña muerte, no sabría lo que es vida. Porque sin ti, mi dulce tormento, no apreciaría rogando al cielo por lo que más quiero.

La tragedia de la belleza (Basado en hechos reales)

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Nebulosa de brillos, sombras y color

Nebulosa de brillos, sombras y color

Yann Tiersen – J’y suis jamais alle (intro)

 

La sombra que da tu silueta no la da ninguna sombrilla. Arcilla en la cuenca de la mano; salitre en la comisura de los labios. Un sol como un disco afilado, pendiendo sobre la cabeza. Cosquillas líquidas encauzadas por el valle de la espalda, un mar verde entre el cielo y el suelo, transpira el perfume del azahar. Una camisa alrededor del cuello…

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Perspectiva de lo que pende

En la penumbra fresca de la tarde. Un móvil que devuelve el eco del vacío: la soledad de la casa, todo en orden, limpio y recogido, la suavidad del pincel acariciando las uñas. Todo perfecto. La ocasión definitiva, que esté todo perfecto. De música ambiental, las risas y gritos de los niños en el parque, trinos de vencejos sobre el circuito de la plaza. El esmeril en la planta de los pies. Un culotte de transparencias negras y ribetes naranjas que erizan los muslos en su ascenso. El camisón de raso que él prefiere, humedecido por el calor bajo sus senos, pezones delimitando la tela. Y la cuerda, áspera y rugosa, entre sus dedos. Es el momento, justo, alineado, exquisito…

 
Linkin Park & Steve Aoki – A Light That Never Comes

La tragedia de la belleza

La belleza de la tragedia

“… The nights go on
Waiting for a light that never comes
I chase the sun
Waiting for a light that never comes…”

Del cuello. Unas manos sudorosas que tiñen una camisa, enroscándola alrededor del cuello como una constrictor. Una serpiente con mangas que cuelgan sobre el torso desnudo. El perfume de esta tierra de las flores y de la luz suspirando su adiós. Unos brazos moldeados anudan las mangas vacías de carne, llenas de voluntad, al brazo de uno de los árboles. De rodillas sobre la tierra grumosa. Aún mecido en medio del eco de la malta tostada…

 

La tragedia de la belleza

La tragedia de la belleza

BROODS – Never Gonna Change

“… And I hate that I’m always so young
Have me feeling like you are the one
And it’s never gonna feel like it’s time
Cause it’s never gonna change
Never gonna change…”

Exquisito es el hilo que trenza infinitos hilos, sosteniendo una vida entre sus hebras que lo sostuvo a él primero. Una cuerda que espera a que se abra la puerta para completar su existencia y, aparezca él. No, así sí, pero no. Un mensaje que se envía por el móvil desde el porvenir:

 

“… When the flood gates open, erase the shores

Camino de sombras

Camino de sombras

At best you don’t care that it breaks some doors…”

Linkin Park

 

 

La malta tostada es unos watsapp que no se contestan. Pendida de un hilo la vida. No hay sombra como la de las ramas y hojas. El perfume que ya llega al paladar. La gravedad de la voluntad es lo que tira de la improvisada soga; ni es el peso ni la fuerza ajena. Con las rodillas cobijadas en tierra, el peso muerto de los pensamientos, el sabor del azahar como último aliento (para algunos, vivir es un esfuerzo), el tacto de la corteza en los callos, una camisa que estrangula el peso de la carga que se libera, la lengua que se expande para decir lo que nadie quiere oír, la nuez que quiere tragar una decisión. Y al fin la paz con el abrazo en la garganta, las palmas sobre el tronco y los pies en tierra; así es como lo encuentran.

Entre tus piernas

Entre tus piernas

“… And I hate that I can’t say your name
Without feeling like I’m part of the blame
And it’s never gonna feel quite the same
But it’s never gonna change…”

BROODS

: “No vengas a casa solo”. Una soga de triple nudo con un lazo adornando el envoltorio en mitad del comedor. La sorpresa es el cuello de ella al final del lazo, con los pies desnudos y las uñas naranjas sobre el piso recién pulido, las rodillas semiflexionadas, la cabeza ladeada con el cabello planchado recogido sobre uno de los hombros. El clic de la llave abriendo la cerradura y el “espera, no entres, vamos nosotros primero”.

Yann Tiersen – J’y suis jamais alle

“La idea de la muerte siempre estará ahí, como una salida. Tienes que aceptarlo, y aprender a convivir con ella.”

Dr. Zafra, psiquiatra

Diáfano de brillos, sombras y color

Diáfano de brillos, sombras y color

 

 

Donde acaba el arcoiris

Donde acaba el arcoiris

La paradoja de ver

Paradoja de ver

La 1ª y la 2ª célula enferma (cuento seleccionado para publicación)

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Con motivo de la selección de “La 1ª célula enferma” para su publicación, le ha surgido a nuestra primera, otra 2ª célula enferma. Aquí la dejo. Y aprovecho para poneros la invitación a la presentación del libro, e informaros a los miles de millones de lectores ;P que podéis conseguir vuestro ejemplar por encargo, al módico precio de los costes de edición (7 €) y gastos de envío (Península 4 €).

La 1ª cél. enferma

Santigold – Freak like me
http://youtu.be/NyunTKdUI10

A Ana, todo un reactivo 😉

La enfermedad: ¿es un estado o una condición? Me siento sola en este ingente cuerpo; asediada por la gente que se deja llevar por el torrente sanguíneo. Levantan los brazos sin mirar al suelo y se lanzan por toboganes infinitos de venas y arterias. No me reconozco en mis iguales; son un espejo borroso; coincidimos en la masa informe de la imagen, pero bajo lupa… Los píxeles son, universos de matices. ¿Siempre fue así, o hubo algún catalizador? Ya de niña, siendo una célula madre, debía de apuntar maneras, porque las otras células madre me hacían el vacío y me llamaban “rara”. Cuanto más me señalaban, más engordaba y engordaba mi membrana celular y más me recogía hacia dentro, mirándome el ombligo, y más me diferenciaba cultivando mis orgánulos; cuanto más se distanciaban de mí, más espacio dejaban a mi alrededor, y yo me veía obligada a rellenarlo, y tenía que expandir mi citosol y hacer crecer mi núcleo, y crecía, y crecía… Quién empezó el ciclo, ¿fueron ellas o fui yo? Las balanzas tienen dos brazos, nunca son mancas, como tampoco son mancas las respuestas; llegan como las abejas, primero una, la exploradora, y después en multitud si encuentran néctar. A medida que iba creciendo, menos miraba al resto, y más me especializaba en el camino tortuoso. Pero fui tropezándome con otras a las que también apartaban del músculo; no nos miramos a los ojos, estábamos demasiado ocupadas con nuestros núcleos, creciendo. Y así seguimos durante años, en solitario, cavando nuestra propia epidermis, juntas pero no revueltas. Me siento sola. Cuanto más trato de relacionarme con las demás células del cuerpo al que pertenezco, más sola me siento. La comunicación es como cualquier tendón, cuanto menos lo estiras y lo usas, más se retrae y se oxida. ¿Estoy enferma?, o, ¿soy una célula enferma? Los cromosomas que están en mi interior me dieron la vida y me conformaron, los odié en mi subconsciente: eran los que me habían creado diferente a ojos de las demás; los combatí durante los años de mi adolescencia y primera juventud; permanecí en estado latente. Al final encontré un propósito, un trabajo que me reconfortaba y que, además, se me daba bien: las sagradas escrituras del ADN. Me volqué en ello como si fuera un flotador en medio del vasto plasma; el Sr. Ácido Desoxirribonucleico era dios, y si dios había creado el mundo también podía mejorarlo; dejé de ir en contra de quien me había dado la vida y empecé a conocer para poder entender. ¡Podía cambiar mi rumbo! Pero aquello que denominaban escrituras no se escribían, sino que se repetían; las mismas historias una y otra vez, una y otra vez, otra vez y, entonces, una. Me consumía copiar y copiar lo que ya estaba dicho. Inamovible. ¡Soy un ser creativo! ¡Que me dejen ser y crear! Así pues, empecé a hacer ligeras variaciones en la cadena del genoma: esta base combinaría mejor con esta otra aquí, este triplete de nucleótidos sería más eficaz con un poco de ritmo de estos otros aminoácidos, ¿que es ruido?, ¡quién lo ha dicho! Me despidieron de la fábrica, pero el ácido ribonucleico ya había concluido su trabajo, y las mutaciones que había creado ya eran inmortales, aunque pasaran milenios archivadas en la genoteca virtual, algún día verían la luz. A lo largo de mi vida me han llamado muchas cosas: desarraigada, bulto, rara, más falsa que una moneda de chocolate (me encanta el chocolate), masa, loca, tumor… zorra. Este fue el último piropo que me dedicaron. Al quedarme en paro, me dediqué, en materia y cuanto, a seguir escribiendo secuencias genéticas por mi cuenta y a probar suerte presentándolas a concurso. Las polimerasas buscaban mejoras evolutivas para las siguientes generaciones. Una de aquellas secuencias mías fue seleccionada, y empecé a sentirme menos sola. Tal vez pudiera entenderme con otras células que también hablaran el lenguaje amino-carboxilo… La esperanza palpitaba en mis membranas. En el email que recibí del organizador del concurso, informándome de que era una de las seleccionadas, descubrí las direcciones de otras concursantes; en mi euforia química, di por sentado que sus escritos también habrían sido seleccionados para ser incluidos en las células sexuales, y que sentiríamos el mundo de los tejidos de igual forma. Y me puse en contacto con ellas enviándoles parte de mi trabajo. Pero me equivoqué. A menudo peco de contradictoria, de malentendida; será que mi inconsciente, igual que pone mi vista en lo diferente, por defecto, busca provocar la diferencia con el resto… Corroborar etiquetas. Meter nuestra complejidad en cajones. Simplificarnos escondiéndonos en armarios. Mi pH es extremófilo. Padezco una demencia senil prematura de laboratorio; olvido una de las máximas de la filosofía de pipetas: ir siempre de menos reactivo a más. Los grandes descubrimientos de la historia se han dado gracias a colaboraciones y al compartir de trabajos en desarrollo. Qué sería un newton sin su faradio. Mis mitocondrias aún están digiriendo a la zorra; qué le vamos a hacer, es el colmo de toda estreñida crónica, repetir la comida. Pero otras cuatro células me contestaron de mejor humor vítreo, y ahora estamos en contacto, conociéndonos… No sé si llegara a algún lado todo esto. ¿Importa? Todo en esta vida puede sintetizarse a ensayo y error. Seguiré probando, enviando mensajes en una botella al universo en diferentes longitudes de onda, esperando, buscando, más que una contestación, un diálogo eterno. Expandirse con otr@ como una supernova. ¿Estoy enferma de mí misma, o soy una enferma para los demás? Los estados de la materia pueden revertirse; quiero licuarme, sublimarme con otr@, que me solidifiquen. ¿Hay enfermedad porque donde hay enfermedad hay cura? O, ¿porque no nos curamos enfermamos? Seguiré probando, gritándole al corazón y al cerebro que me gobiernan: “¿Hola? Hay alguien más ahí…” Aunque solo retornen los ecos. La repetición nos lleva a la locura y a la mejora. En mi caso, creo que me convertí en tumor por abandono: de los demás; de mí misma. Podría remitir; podría congelarme; o podría convertirme en cáncer. Hay tantas opciones… Tantas posibilidades… Podría haber sido tan diferente… ¿podría? Desconozco mi futuro; ¿lo desconozco?

Morir digiriendo sentimientos; morir, solo para demostrar, que teníamos razón: “No, no puedo”.

 

La 1ª cél. enferma-portada

Comededos, hasta la próxima (4ª parte, final?…)

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Faul – Changes
http://youtu.be/QUjppepBERM

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Por fin era jueves; y estábamos a solas. El local estaba lleno de gente en realidad; pero estábamos a solas. Todas aquellas personas solo eran parte del decorado. Los cuerpos colapsaban unos con otros como meteoritos en el universo del caos; la luz era como un púlsar que pausaba los movimientos, cortándolos a la velocidad de la luz y volviendo a ensamblarlos, creando en la visión la sensación de pérdida de control: alguien ajeno nos cerraba los párpados. Ese instante de oscuridad… todo podía pasar… como cuando mis pies levitaban entre salto y salto y dejaba sentir el suelo… Bailaba mecida en mitad de la nube de Oort; mis brazos arriba y abajo, mis caderas de derecha a izquierda, la gravedad de mis contoneos había abierto un espacio a mi alrededor en medio de la masa de carne y sudor. No sentía los tacones, las horas que llevaba en pie, el calor de las mangas de rejilla; solo estábamos tú y yo. La gente hablaba con la mirada, la voz era succionada por un agujero negro nada más salir de los labios; pero a ti y a mí no nos hacían falta los ojos para comunicarnos, lo hacíamos por vibraciones, sintonizándonos a través de la frecuencia del latido de mi corazón. Nadie podía ver nuestra unión, tu energía colmando todo mi ser, inundándome… tan solo veían mi cuerpo moverse, mi cabeza de lado a lado, mis cabellos cubriendo mi cara, ráfaga a ráfaga, tironeados por tus manos invisibles, las mías en alto hurgando tu pelo, vacías de alcohol. El cubata, en mi mano, es un estorbo, la necesito libre para acariciarte. Y los demás, si supieran la verdad, no podrían entenderlo. Mi sangre está llena de ti; el alcohol no lo necesito, solo entorpece mis pasos hacia ti. Por fin estamos a solas: la música, y yo.

***

Amor es... evolucionar junt@sColdplay – Magic
http://youtu.be/1PvBc2TOpE4

Marcela se quitó los zapatos y entró en la casa, se desnudó en la habitación que les hacía las veces de despacho y encaró la puerta del dormitorio. Giró el picaporte despacio, atenta a los quejidos de bisagras, abrió la puerta y entró. El aroma de sábanas y desodorante de Robert la abrazó. Se puso el pijama y entró en su hogar. Los ojos le seguían escociendo aún cerrados. La cama navegaba sobre aguas mansas. Un eco reverberaba en sus venas; no era la música del concierto, eran las palabras que pulsaban por salir. Era el peso de los muros ya construidos desmoronándose… y ahora ella podía volver a colocar las piedras en su sitio, pero dándoles la vuelta, con cemento nuevo y arena viva, pintando sueños en sus aristas. Abrió los ojos, cogió el smartphone y empezó a escribir.

2:37 – Marce: No puedo dormir. M siento con ansiedad. Creo k es xk kiero hacer muchas cosas, cosas k siempre kise hacer y k no hice xk no pude x falta d algo: estabilidad…
2:37 – Marce: Y ahora, a tu lado, estoy recuperando todo eso, m estoy curando, estoy recuperándome a mí misma.
2:38 – Marce: Pero d pronto siento k m sigue faltando algo xa poder hacer lo k kiero. Y creo k eso m agobia y x eso siento ansiedad
2:40 – Marce: Pero entonces m h dado cuenta k lo importante es k todo esto está siendo posible xk estoy a tu lado, xk tú lo haces posible amándome y siendo tú y creciendo juntos.
2:43 – Marce: Estos días m h sentido aceptada, más importante aún, m h sentido incomprendida x ti, xo lo hemos hablado y nos hemos seguido conociendo y me has aceptado como soy y has confiado en mi y no me has juzgado.
2:47 – Marce: Gracias amor, ya no siento ansiedad porque se que aunque vuelva a sentirla, aunque lleguen nuevos obstáculos y m devore los dedos hasta los huesos, estaremos juntos, como hasta ahora, evolucionando juntos.
2:47 – Marce: Te re re requiamo!!!!!!
2:48 – Marce: Gracias por hacerme realidad y anclarme un pie al mundo haciéndolo soportable.
2:48 – Marce: ❤️❤️❤️❤️
8:13 – Robert: Mi amorrrr… Gracias!!! Me encantó cómo manejamos la situación stos días. Es la primera vez que confío tanto en alguien, que me puedo ir a dormir tranquilo sabiendo q mi pareja esta de fiesta porque confío en ti.
8:14 – Robert: Gracias x hacerme confiar en ti de sta manera. Eres genial y x supuesto seguiremos evolucionando.
8:15 – Robert: Me alegro q te haga el mundo soportable porque es maravilloso y siempre lo será mientras estemos juntos.
8:16 – Robert: Te re re rekiamo mi amor!!!
8:16 – Robert: ❤️❤️❤️❤️
9:52 – Marce: Mi amorrr!!!!
9:52 – Marce: Te adoro!!!!

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Comededos en pausa (parte 3/X)

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A Nieves

Michael Kiwanuka – It always comes back

http://youtu.be/j0AVAektWfk
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–¿Vas a salir el jueves?
–Cómo… –paré de leer, giré la cabeza y le miré.
–Que si piensas salir el jueves…
La luz de la pantalla de la tablet le salía de las manos iluminando su rostro quebrado.
–Amor ya no hace falta –noté una bola de pelo atascada en mi garganta.
Apagó el aparato y se tumbó. Su lado de la cama quedó a oscuras. El espacio de las sábanas que había entre nosotros se me hizo inmenso; un frío me caló los pies.
–Amor ¿estás bien?
Se encogió de hombros.
–¿Qué sientes? ¿Qué piensas?
El silencio era ensordecedor.
–Te ha sentado mal… Lo entiendo. Pero tengo necesidades, igual que tú, y últimamente la rutina… Ya te lo dije, pero no me escuchas. Nos echo de menos.
–¡Ya, pero no puedes pretender que sea lo mismo que al principio! –su tono se elevaba a cada fonema igual que se reincorporaba su cuerpo.
–¡No pretendo que sea igual! ¡No es eso lo que digo! Ves como nunca me escuchas…
–¡Sí que lo hago! Ya estás exagerando, como de costumbre.
La bola de pelo empujaba por salir, y yo tosía y tosía y arqueaba la espalda queriendo vomitarlo todo. Decenas de peleas acumuladas pujaban en mi recuerdo, sentimientos danzando dentro de nosotros en una guerra fría. Pero al menos ya no salía huyendo en mi bólido; mi piel ya no me quemaba a su lado haciéndome votar al sofá.
–¿Te das cuenta? Ya estamos otra vez peleando en vez de discutir lo que sentimos…
–Sí es cierto… –suspiró y me recogió la mano.
–Solo trataba de decirte que siento que nos distanciamos, y que la rutina se apodera de nuestra relación… Que de vez en cuando necesito que salgamos por ahí, necesito bailar, y sé que a ti no te gusta, pero yo lo necesito, no te estoy diciendo que vaya a salir todos los fines de semana, solo que una vez cada dos meses necesito salir al mundo y sentirme atractiva y bailar como una rubia loca, y no estoy pidiendo que me acompañes, no quiero obligarte a hacer algo que no te gusta, pero tampoco puedes pedirme que yo deje de bailar, ¿crees que me gusta estar bailando mientras tú estás ahí parado con una copa en la mano?, ¿crees que lo disfruto igual de bien?, pero no puedo hacerlo si nosotros no estamos bien del todo, no puedo arreglarme y salir sin ti tranquila si tú y yo no recuperamos nuestras mariquitas en el estómago –se rió y me apretó la mano–. Es normal sentir que el primer impulso sea estar celoso o incómodo o molesto, pero por eso nos llamamos Sapiens después del Homo, porque podemos racionalizar nuestros impulsos animales, y hablarnos y entendernos… No quiero buscar segundas miradas de otros, quiero buscar la tuya, quiero que vuelva la tuya… –la bola de pelo salió al exterior transmutada en lágrima.
–Sé que he estado muy ocupado en las últimas semanas, y ya me conoces, sabes que me cuesta darme cuenta de las cosas, de eso te encargas tú, de señalarme el camino que pisamos. Pero quiero que comprendas que si de normal me cuesta ir hasta Valencia, los jueves que al día siguiente trabajo, estoy cansado. ¿Qué te parece si volvemos a las sorpresitas de los viernes? Lo dejamos de hacer porque pensamos que ya teníamos integrado lo de ser más detallistas… pero cuando empezamos a hacerlo fue por algo similar, ¿recuerdas?
–Sí, la tuvimos buena –reí– yo me quejaba de que quería más romanticismo en nuestra relación. Entonces daba un portazo y me largaba. Vamos mejorando –nos miramos a los ojos y nos sonreímos–. Sí, la verdad que nos funcionó durante los dos últimos años. ¡Volvamos a las sorpresitas de los viernes! El próximo me toca a mí, porque anteanoche ya me sorprendiste tú… Me encantó: todo lleno de velas, la música, la mesa puesta, la cena, tú abriéndome la puerta de traje… No me lo esperaba.
–¡Sí! Mira que me ha costado… Y aún así apareciste con pizzas. Siempre te hueles algo o adivinas lo que te he comprado, ¡así es imposible!, me pides que sea más romántico y luego me chafas las sorpresas…
–Ja, ja, ja… ¡lo siento! Es un don y una maldición, como un superpoder.
Reímos. Nos besamos. Nos abrazamos. Nos besamos de nuevo y trasnochamos. Nuestras sábanas volvían a estar calientes.
–Entonces, ¿mañana irás al concierto?
–Ahora ya puedo ir sin ti… así que creo que sí, no bailo desde nochevieja y tengo el mono, y las últimas veces que salimos al final no bailé; sí, voy a ir. ¿Te parece bien?
–No me hace mucha gracia… Pero confío en ti, y además es una buena oportunidad para practicar lo que hemos hablado.
Le abracé.
–Gracias por confiar en mí, pero también tienes que confiar en ti. Yo confío en nosotros.

 

Comededos 2/2

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Kiko King & Creativemaze – Illusions of time
http://youtu.be/PnydsRstt5s

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La carta quedó encima de un montón de papeles sobre el escritorio de él. Ella cogió su bolsa de deporte y se encaminó al comedor. Él estaba sentado en el sofá, como de costumbre, con las piernas estiradas y la tablet entre las manos.
–Me voy ya…
–Espera, te abro la puerta.
El sol ardía en la piel; y la brisa helaba el vello. Ella miró hacia el cielo mientras caminaban juntos por el sendero de salida. El cielo se vestía de raso azul pastel, una sombra cubrió sus cabezas; una nube gris se abría como un paraguas en el cielo.
–Este jueves dan un concierto en Valencia, ¿te apetece ir?
Se detuvieron en la bifurcación del sendero de hormigón impreso.
–No sé, ya sabes, ir hasta Valencia… y entre semana… Ya lo vemos.
–De acuerdo.
Se dieron un beso y ella enfiló al garaje, él a la puerta. El coche salió y se despidieron con las manos.

El pavimento corría como agua negra bajo sus ruedas. Una fila hormigueante recorría las calles de los martes. La gente se quedaba mirando al grupo de patinadores.

Comededos

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comededosShy Girls – Without
http://youtu.be/VbxFlQVRAng
The XX – Together
http://youtu.be/Ddb7Am5lStI

Te escribo con dolor; dolor de dedos. Veo acercarse a nuestra muerte. Pero la miro a los ojos, y le acaricio la mejilla, y la consuelo. Hace tiempo que traspasé la barrera del miedo. Sé que tú me has dado algo único, lo que mi madre no pudo, lo que mi padre no conoció: paz. Es a ti a quien debo mi reencuentro. La estabilidad que he encontrado a tu lado me la llevaré siempre a la espalda, como un hogar mullido. Ve la muerte acechando en las sombras que dejan nuestros gestos. Me sangran los dedos; lo sé, solo yo soy la responsable: me los he estado comiendo; deshojo padrastros como quien deshoja margaritas. La carne roja me palpita. Pero te sigo escribiendo sin curarme las heridas. Cada roce lleva atado un lazo de fuego. Cada exhalación que sale de entre tus labios… me crispa, la soledad que me has regalado. La saliva de tus besos en mi boca… me la limpio con la mano; de pronto, su humedad me enfría. Solo me escuchas cuando grito, y yo solo quiero susurrarte. Al final grito. Los portazos y los derrapes de neumático quedaron atrás; creí que era algo positivo: crecíamos. La pasión se escurre de entre nuestras sábanas; y también de las discusiones. Echo de menos la cólera; al menos la entendía; porque, ¿qué es esto? Intento desengancharme del dramatismo de mi carácter. Eres un mortal maravilloso, un mortal más; reaccionas ante la muerte. Los cantos de cisne se me agotan. ¿Para cuántos años me quedan municiones? Cuántas hebras le quedan a tu cuerda… Cuando la puerta de la comprensión caduca, se abre la de la acción. Me llevo de nuevo un dedo a los labios; acaricio su piel en busca de… oportunidades, grietas; mis dientes abren aún más la brecha; y tiro con ellos, de mi propia carne; y estiro, tironeo, muerdo, tiro, mordisqueo, enjabono con mi saliva, chasqueo entre mordiscos; hasta que la sangre brota, no siento dolor, sólo: hambre. Soy un agujero negro de sentimientos. Practico el canibalismo de un@ mism@. Es entonces cuando sumerjo mis manos en gel de Aloe
Vera, el ardor se apaga, el escozor se enciende, el rojo da paso a la carne mordida rosada, y esta a las costras. Hoy no me curo, hoy me muerdo y te escribo esta carta.

No es que busque amor ahí fuera; busco levantar miradas; como levantaba la tuya… Ver en ese reflejo que todavía soy yo, que soy capaz. Veo nuestra muerte acercarse; la vi la otra noche, en aquel local, en tu ausencia, en los ojos de aquel chico que me miraba. No es que la muerte estuviera en sus ojos… sino en los míos que buscaban su segunda mirada. No te entregaré esta carta, la dejaré aquí, como por casualidad; me conoces como nadie, sabes que ya no creo en las casualidades. Este jueves volveré al local. Sé que él estará allí. ¿Estarás tú? La gente cree que la muerte se nos sobreviene de golpe; están equivocad@s porque no la conocen. La muerte viene de puntillas, día a día toca en tu ventana, y deja una vela encendida cada año de tu vida para que tú la apagues. Ya viene. ¿La hueles? El perfume a muerte es único, jamás se te desprende una vez que tu cerebro lo identifica. Por eso es que puedo verla venir, no es porque tenga súper poderes, es porque tengo el olfato fino. Tal vez te tenso demasiado, como demasiado pienso y siento… Esta vez no pienso anunciarte su llegada. Sólo te diré que salgo el jueves, ¿te vienes?

El beso

 

Perspectiva suicida

Estándar

DSC_0710Por cuenta de los acordes de
“All I want” de la musa Kodaline.

Todo alrededor se desmorona. Los edificios permanecen, el cielo vuela, la vida de las personas que me rodean sigue. Y sí, yo también estoy en ellas. Pero aunque mis ojos perciben la realidad tal cual es… a mí, me invade la tristeza. En mi interior siento cómo los ladrillos, uno a uno, se aíslan; y entonces es cuando los edificios se desmoronan. El desasosiego se apodera de mí. No hay razón. Lo más desesperante de una mente suicida no es sentir la muerte como única salida; sino dejar de necesitar esa salida, y aún así, seguir descubriéndote acariciando la idea de la muerte. La muerte como un eterno reclamo; es el santo y seña de l@s suicidas. Cuando era desgraciada, cuando tenía motivos para querer huir de una infancia maltratada, o de una adolescencia conflictiva y llena de paradojas que me torturaban, o incluso, de una primera juventud solitaria… era lógico hasta buscar la muerte. Investigar durante horas sobre el mejor modo de suicidarse. El suicidio perfecto. Suicidarse resultó complejo, las variables debían cumplir ciertos requisitos. No sentir dolor no era negociable. Si uno decide irse para no sufrir no tiene sentido hacerlo sufriendo. El suicidio también tenía que ser práctico para l@s que tendrían que descubrir mi cuerpo. Una bañera llena de sangre era una putada, además de una guarrada; por más que la muerte fuera a llegar a ti calentita y envuelta en la neblina del vapor de agua, pensar en la escena que dejaría atrás… estresaba. También estaba la cuestión de la presión; hincar los dientes lisos de una cuchilla en tu propia carne es más difícil de lo que parece, aún más en una persona por lo general pacífica. Y aprovechar la embestida de un ataque de ira… era imprevisible. Recuerdo aquellos días; la muerte era sencilla de comprender, era: la salida.

La mente suicida es similar a la mente anoréxica. El suicida sufre un desarreglo mental y emocional; la realidad que siente y, por ende, la que vive, no tiene porqué corresponderse con la realidad que le rodea, incluso con la que vive una parte de sí mismo. Lo más desesperante, como decía, no es sentir la muerte como la única salida; es conseguir al fin una vida satisfactoria, una felicidad, y a pesar de ello, descubrirse buscando el suicidio perfecto. Por si acaso; para el futuro, que nunca se sabe. Una muerte como un sueño… pero no tan lenta como la hipotermia.

Cuando al fin ya no estoy sola, cuando miro la realidad social y doy gracias con lágrimas de felicidad en mis mejillas por lo afortunada que soy…, cada vez que cambia el tiempo y mis secuelas físicas me recuerdan la suerte que tuve, que hago lo que me gusta, y… lo primero que pienso es: “Perfecto, ya me puedo morir tranquila”.
Después de mi primer intento de suicidio, una amiga me dio el recorte de una revista, aún lo guardo; el artículo se titula: El suicida egoísta. “Es la mayor brutalidad que uno puede cometer contra las personas que te quieren”, cita. Pues bien, es hora de abrir los ojos y la mente a todas las demás perspectivas. Querid@s familiares, querid@s amig@s, querido mundo, ¿quién es el egoísta? ¿Quién me pidió permiso para traerme y para criarme en ese hogar y en esa sociedad? ¿Quién es el egoísta?, ¿el que se muda en busca de una vida mejor sin tener en cuenta cómo afectará su decisión a las vidas de los demás, o quienes se quedan atrás sufriendo por su partida sin ver que es el deseo y la felicidad de esa persona marcharse? ¿Por qué lloramos y sufrimos cuando alguien se muere y no cuando alguien se muda a otro país? Tal vez porque si solo se muda podremos volver a ver a esa persona o hablar con ella cuando nos apetezca… Entonces, ¿lloramos ante la muerte de alguien por el muerto o por nosotros que ya no lo veremos?

El suicidio, como cualquier realidad, no se simplifica por el mero hecho de facilitarnos su comprensión a los mortales. Las realidades son cebollas; son complejas, que no complicadas, y el suicidio, como tal, también lo es. No existe un “mi libertad acaba donde empieza la del otro”, porque nuestras vidas, nuestras libertades, no están imbricadas, sino enmarañadas; queramos o no, nos gusté o no. ¿Es lícito que una persona prohíba a otra elegir? ¿Es la libertad de un fumador contaminar el aire de un no fumador? ¿Y es la libertad de un no fumador prohibir al que fuma de su decisión?

Cada día es como llevar una piel de plomo, como hincharse los pulmones con mercurio al respirar. Vivir como un ejercicio en bucle infinito de paradoja masoquista. Ser consciente: mi cuerpo está programado por los milenios para sobrevivir, y se debate entre el deseo de la vida de cada célula y la muerte que piensa; mi mente juguetea con la idea de morir, persiguiéndola a veces, sometiendo a mis genes a su raciocinio; y mi corazón… mi corazón suplica clemencia, y confuso, al final enferma; y la enfermedad va y vuelve, año a año. Y si en verdad quiero vivir, ¿por qué no dejo la muerte para cuando simplemente me llegue?

Para un suicida, vivir es más que una pesada carga. Pero cada día está lleno de belleza. Y resulta que la pesada carga merece la pena ser llevada: no por las personas que me rodean; sino por mí. Y la muerte… la muerte, al fin y al cabo, seguirá siendo mi amiga imaginaria, siempre estará ahí, como un consuelo.

Hola a todxs, me llamo Alisa De Trevi, y he sido suicida

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Hola a todxs, me llamo Alisa De Trevi, y he sido suicida. Aprendiz de todo lo que contiene belleza, maestra de nadie. Me gusta crear Insinuismo porque es como las transparencias en la ropa: da rienda a nuestra imaginación a partir de ciertos indicios o provocaciones. De siempre he convivido con historias; antes de aprender a escribir lo hacía con muñecos, y antes, con la imaginación de los ojos, y seguro que de feto ya lo haría con los sonidos y sensaciones. Bienvenidxs todxs, podéis llamarme Ali, y sigo siendo suicida.

Una de tantas veces, en la consulta de psiquiatría, uno de estos loqueros me regaló una verdad: “…la idea de la muerte siempre estará contigo, en tu cabeza”. Desde entonces, el suicidio ha perdido todo su poder sobre mí. Ya no me asalta cuando estoy inmersa en oscuridad, ya no es un fantasma o un monstruo al acecho en mis momentos de felicidad. Ahora es Loki, simplemente Loki, esa neurona gótica con ataques de pánico, meláncolica, bucólica, entreñable, temeraria, que ve en la muerte la salida mas rápida cuando hay dificultades.

Hola a todxs, me llamo Alisa pero mis amigos me llaman Ali, y siempre seré suicida.