Archivo de la etiqueta: amor

Lengua castellana

Estándar

Para Luisa, mi profe de Lengua del instituto:

gracias por enseñarnos que las lenguas están vivas y que las hacemos los hablantes.

Porque la nuestra no tiene por qué seguir siéndolo.

Gracias a la musa Berni por ser esa mujer castellana, y entera.

 

Lengua Castellana

Lengua Castellana

Me gusta…

Ser a veces,

Un poco zorra;

Y decirte: “Amor, no vengas”,

Para que así, vengas;

Y tumbarme entonces panza arriba,

Y ser tu perra,

Para que me rasques la barriga

Dejándolo todo a medias.

Me gusta ser a veces una cualquiera,

Observarte en la distancia,

Mirarnos a los ojos,

Como si no me conocieras,

Y volverme entonces callejera

Y encontrarnos en una esquina

Y jugar… a darnos la hora

                                                   como turistas.

Me gusta ser un poco aventurera

Y vivir sin mapas ni rutas traicioneras;

Me gusta, ser un poco mujerzuela,

Y beber a morro de tu cerveza,

Gritar en mitad de la avenida: “¡Obscenidades!”,

Escandalizar rutinas, sin verdades.

Me gusta ser una mujer de la vida que esquiva la muerte atrevida.

 Me gusta ser una mujer pública,

Descorazonarme a micro abierto,

Abrazar desconocidxs,

Dejar mis sentimientos sobre la barra,

Ser… una nudista del alma.

 Pero juro sobre Babel,

Con este corazón de papel,

Que lo que más me gusta

Es la libertad que saboreo en tus manos:

Ser… una heroína,

Ser… una puta;

Sin adicciones, sin mentiras,

Con realidades esfera

Entre tus brazos

Sintiéndome

Entera.

 

El erotismo calza los detalles

Anuncios

Vencejos marrones en la noche (basado en hechos reales)

Estándar

En memoria de Rebeca Borras Bonet

D         Pinto,

Leo.

 

P          Tú viniste a mí

Así…

 

Desperté en mitad de la neblina del spray y, te sentí en mi corazón, pronunciando mi nombre con amor, te escuché pensando en mi mural, paladeando sus sombras y relieves. Tú no sabías que yo podía leerte, y supe que eras sincera, y crecí, como un árbol entre tus emociones, pinté como nunca antes había pintado, sin cometer ni un fallo, volqué mi alma en aquellas pintadas, quería levantar la mirada, dejar los botes y buscarte, pero no podía… http://lasdoscastillas.net/vencejos-marrones-en-la-noche-por-alisa-de-trevi-relatos/

A tiempo

Estándar

Samaris – Ég Vildi Fegin Verða
https://youtu.be/bWPg46hNjfo

A tiempo

Los sueños hablan lo que el inconsciente teme y calla

Iba de camino al coche, a buscar la caja de pinturas, como siempre en los

últimos días de septiembre, cruzaba el puente, y sin saber por qué, me

encontré acelerando el paso, como si alguien me estuviera esperando.

Iba con la mano sobrevolando la piedra esculpida por el cielo,

manteniendo con ella un diálogo al tacto, iba tarareando, hasta que llegué

al semáforo. Levanté la vista y allí estabas, del otro lado: una mirada tras

unas gafas de sol; la misma que vestía yo. El verde nos puso en

movimiento, tú ibas subido en tu bicicleta, el tiempo se guardó el reloj de

pulsera, me acercó a tus bucles castaños, a tu bigote y barba cobrizos de

luz, me acercó a esa mirada que escondía el cristal tintado, la mirada con

la que se toca el corazón. Nos cruzamos. Nos miramos; más allá de los

ojos, recordé; tarde, tarde recordé, que ayer había soñado contigo, y

conmigo.

Soñé contigo, cruzábamos nuestras almas, nuestros destinos; yo iba a

pintar vidrieras, tú venías con tu cabeza llena de ideas. Soñé contigo, y tu

mirada me traspasó. Al despertar, tuve la certeza de que nos cruzaríamos

de nuevo, en el mundo real, ya no sólo, en sueños.

 

Sobre aquel paso bipolar, sentí tarde que me susurrabas: quisiera

conocerte. Ya habías cruzado la calle, en medio nos separaba el río de

asfalto, nuestros caminos fueron durante unos segundos para-lelos, yo te

miraba, diciéndote: espera, aún no te vayas. Tú tomaste la rampa del viejo

Turia, dándome de nuevo la cara, y a siete carriles de distancia nos

volvimos a ver; tú te ibas, girando con tu inercia, y yo… te esperaba del

otro lado, huyendo de mi olvido.

Ya desaparecías tras la piedra, la misma que me habías observado

acariciar, nuestras miradas aún permanecieron hiladas un aire, por el que

yo te susurré: soñé contigo, en un lugar distinto, nuestras almas se

abrazaban, sostenidas por la mirada, también yo quisiera conocerte, vete

tranquilo, tal vez, así sea, en la otra vida, donde soñé contigo.

 

A tiempo

Al espejo

Estándar

Pushing Away – Kevin Garrett

https://youtu.be/FilQRUxzoX8

Estación de tren de Canfranc

Abrázame fuerte,
Rodea mi cara
Entre tus manos,
Susúrrame que,
Siempre,
Mantendrás mis manos
Calientes, que
Me harás reír
Cuando nos encontremos
Paseando entre las calles,
Que
Bailarás a un ritmo que
Sólo sigan nuestros pies.

 

“Abrázame fuerte”:
Digo mirándome
Al espejo,
Rodeándome la cara
Con mis manos,
Susurrándome que,
Siempre,
Mantendré mis manos
Calientes, que
Amándome, aprenderé
A quererte, que
Amándome, podrás
Quererme.

Al espejo - en la estación de tren de Canfranc

Al espejo – en la estación de tren de Canfranc, gracias a Carlitos (el chamán Timao) por hacerme de tan buen fotógrafo, a E y a Ce por darme a conocer aquel mágico lugar, y a todas las personas maravillosas que formaron parte de aquel acueducto mostrándome de lo que está hecho el Amor.

 

Un Winogrand del 64 con unas gotas de Dickens, por favor

Estándar

Gracias a Luis Sánchez por la historia y las correcciones,
A Garry Winogrand por la Historia y la imagen,
A Airelle Besson y Nelson Veras por la inspiración
Y a Mateo Rived Quintet por la voz.

Vídeo y audio del relato:

https://youtu.be/ww-8R2o3QwI

(Inspiración) Hechos Reales: Polícia vs Negros & Historia USA

Era la mejor de las naciones, era la peor de las naciones.

 

"Era la mejor de las naciones..."  Dibujo digital realizado con PhotoScape

Era la mejor de las naciones…
(Dibujo digital realizado con PhotoScape)

La primavera se estrenaba con un cielo despejado y una brisa que era como una caricia. El tráfico bullía por la avenida salpicada de luciérnagas incandescentes, el aire olía a tubo de escape y a sal.

 

Cazzo dio –maldijo Alessio con el pitillo aún entre los dientes.

Puso el indicador de dirección y accionó el pedal de freno del descapotable; el “Little Bird” se hizo a un lado con un suave ronroneo.

—Qué ocurre Ales, por qué… —Mary Rose vio al momento los destellos rojos y azules en su espejo retrovisor.

 

La noche se detuvo por completo sobre sus cabezas expuestas a la intemperie. Alessio apagó la radio, interrumpiendo la mención de la entrevista del Time al autor de Just a gigolo. Mary Rose se irguió en el asiento, encorsetada de pronto, se oyó el quejido del cuero bajo su piel canela, y miró a su compañero sin pestañear mientras intentaba, en vano, estirar la falda del vestido hasta sus rodillas desnudas.

 

Tranquilla la mia rosa, lo tengo todo bajo control –Alessio tiró su Lucky por la ventanilla con la vista imantada al espejo del parabrisas.

Dos pares de pies se acercaban a paso decididamente lento.

 

"Un Winogrand del 64" Dibujo digital

Un Winogrand del 64
(Dibujo digital)

Mary Rose seguía animando a la tela a crecer sin éxito, mientras, un caballero con sombrero los observaba con las cejas encorvadas, cuando ella le devolvió la mirada sosteniéndosela, el señor escupió y apartó la vista, paseaba un caniche (también era blanco) recién salido de la peluquería; de inmediato, en un acto reflejo, ella se llevó los dedos color miel al elaborado moño, y exhaló un suspiro a media sonrisa, comenzando a desatarse el pañuelo que le cubría la cabeza.

 

En el espejo, ya solo se podían ver, un par de piernas que ascendían hasta convertirse en unos guantes negros, que jugueteaban con una porra lanzándola de la palma al cielo, y regreso. El agente Smith se paseaba de la nuca a las manos de la mujer, que descubrían a una morena envuelta en un refinado recogido.

 

Mary Rose había conseguido deshacer el nudo y justo en el instante en el que lograba cubrir sus pantorrillas con la seda, el agente Morgan alcanzaba la ventanilla del conductor.

 

—Buenas noches agente.

—¡Agente! ¿Ha oído eso jefe? –Morgan miró a Smith que asentía sonriente avanzando por el otro costado del vehículo—. Hoy no haces bromas sobre mi afeitado de… cómo era… ¡bambino, eso es! ¿Ya has aprendido la lección “Pestuzzini”? ¿O es por lo bien acompañado que vas?

 

La porra continuaba su inercia, no podían verla, pero ahora oían todo su peso caer contra la palma.

—Señorita, permítame… proteger sus intereses: ¿a caso su comunidad está al tanto de con quién se mezcla? —Smith se dejaba caer contra la puerta de Mary Rose.

—Qué vergüenza –masculló Morgan dando un puntapié a la carrocería sin dejar de mirar a Mary Rose por la ranura de las pestañas—. ¡Pero mírate “Pestuzzini”! ¿Sacando de paseo a la perra de la chacha? —soltó en una risotada.

 

Un claxon trinó contra un peatón que cruzaba corriendo a unos metros frente a ellos. Smith apoyó la porra sobre la puerta y la fue deslizando hacia el interior, hasta que toda su longitud negra quedó extendida hacia la boca de Mary Rose. El indicador de dirección delataba con apremio el paso del tiempo, Alessio lo quitó de un manotazo.

Ella continuaba mirando al frente como si aquella barra fuera incapaz de perturbar su visión, pero apretaba las palmas contra las piernas.

 

—¡Tú, negra desteñida, fuera del carro!, inspección rutinaria: manos sobre el capó, piernas separadas… ¡A qué esperas! Ya conoces el procedimiento, ¡vamos! –gritaba Morgan.

Mary Rose seguía apretando la tela contra sus muslos, Alessio se percató del gesto: adelantó el cuerpo, encorvó los hombros, pegó la barbilla al pecho y levantó la voz:

—Dime Morgan, li hanno piaciuto i miei penne alla tua mamma?

 

El puño apenas encontró una mínima resistencia en el tabique. Morgan tiró de la puerta:

—¡Fuera! ¡Al suelo jodido bastardo!

 

La mayoría de transeúntes apartaban la mirada acelerando el paso para continuar con su destino. Arrastrada de la mano, una niña afroamericana preguntaba: “Mamá, ¿qué hacen los policías?”, “Mantener las cosas en orden, cariño. Vamos sigue caminando, agacha la cabeza y no mires”. Desde la puerta de su negocio, un barbero que había estado contemplando de brazos cruzados la escena, sacó su tabaco y comenzó a fumar.

>>¡He dicho fuera! –Morgan agarró a Alessio tirándolo sobre el pavimento.

 

Al otro lado del vehículo, Mary Rose acariciaba la porra policial; había comenzado en cuanto oyó a Alessio pronunciar el final del viejo chiste.

—Agente…

—Smith.

—Agente Smith, ¿cree usted, que es, realmente, necesario todo esto?–Mary Rose se mordía el labio inferior, mientras que con su uña pintada de granate, iba arañando la superficie pulida, despacio, descendiendo hacia la empuñadura.

—No se me ocurre otra solución, señorita.

 

Una Harley sobrevoló el asfalto escopeteando el aire junto a ellos. En la esquina del boulevar, un joven vigilaba parapetado entre su boina y los destellos de la farola. En algún lugar cercano se oía a un gato bufar. Morgan desenfundó su arma, con el pie, aplastó la muñeca de Alessio sujetándole la mano contra el suelo, y apuntó:

—Día de ajustar cuentas “Pestuzzini”, vete despidiendo de volver a conducir.

 

Entonces Mary Rose se descubrió las piernas y anudando la tela alrededor de la porra dijo:

—Agente Smith, si encontrara mi pañuelo ¿sería tan amable de acercármelo al trabajo?, estoy en el Royal Diner.

—¡Agente Morgan! Nos llaman de la central –Smith se retiró guardándose la prenda en el bolsillo.

—Maldito “fillo” di puttana, un día de estos te juro que te trincaré, y tu sucio culo de Dago no volverá a manchar ¡este ni ningún otro coche americano! –y le escupió una patada en las costillas, marchándose.

 

El sonido del obturador de la cámara se camuflaba entre el zumbido del tráfico. El motor del coche patrulla se sumó, perdiéndose en el enjambre.

 

Alessio regresó al volante limpiándose con el dorso la sangre.

—Hay que buscar un dispensario abierto.

—No hace falta, abre la guantera.

 

En el espejo, Alessio terminaba de colocarse el esparadrapo mientras Mary Rose cerraba el botiquín de mano.

—¿Te duele?

—Estoy bien, solo duele la primera vez que te la parten, tranquilla. ¿Tú estás bien?

—Estoy bien, solo duele la primera vez que te lo parten, tranquillo –susurró mirando al frente—. Llegaremos tarde al baile.

Alessio metió la primera y encendió la radio: Time After Time. El descapotable despegó y él giró la cabeza hacia ella, con la nariz tachada de blanco.

 

La mia rosa nera, pero qué has hecho… Te dije que lo tenía todo controlado.

—Solo hice lo necesario –respondió ella levantando ligeramente el mentón.

Cazzo amaricani… –masticó.

 

En la esquina, al paso del vehículo, el joven de la boina disparaba su cámara Leica M4 al momento que lo cruzaba, y Alessio alargaba la mano en busca de sus Luckies.

 

Hay realidades humanas
en las que ayer, sigue siendo hoy”.

Los Angeles, 1964 dibujo de la fotografía de Garry Winogrand (Exposición en la fundación Mapfre, Madrid, hasta 3 de Mayo '15)

Los Angeles, 1964
dibujo de la fotografía de Garry Winogrand
(Exposición en la fundación Mapfre, Madrid, hasta 3 de Mayo ’15)

Alisa De Trevi

Tu otra mano: tu imagen especular

Estándar

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Buscar a tu media naranja es

como buscar tu sombra en el cuerpo del otr@;

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Mejor encontrar tu otra mano:
ese alguien con quien ser iguales,

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

con quien ser opuestos,

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

con quien también te complementes,

OLYMPUS DIGITAL CAMERA
con quien eres imagen especular,
un@ del otr@.

Y todo está en tu mano…

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Soy Piano (rap, música clásica y poesía)

Estándar
Alas de piano de cola (mi visión de un piano de cola con la tapa abierta desde arriba)

Alas de piano de cola
(mi visión de un piano de cola con la tapa abierta desde arriba)

Gracias a Fran Acàmer Mateu por su piano,

al F’art Home de Benimaclet por el lugar

y a Fran T. por ser mi corazón

“Soy Piano” en vídeo&audio (pieza compuesta e

interpretada por Fran Acàmer Mateu):

http://youtu.be/XFebKE5koKQ

Soy bajo tus manos/ tu instrumento. Son tus manos sobre mi cuerpo/ lo que me hace brillar/ y desfallecer. Soy tus blancas y negras/ rozadas/ por tus yemas. Mi piel compuesta de corcheas/ que solo tú/ sabes leer: rápido rápido muy rápido, lame traga muerde mi piel bajo el estómago, mi sed de ti/ es amplia. Lento, lento, muy lento; tus dedos/ sobre mi aliento. Empañado el verano de tu boca en un eclipse, entrelazando nuestros miembros, tus manos sobrevolando mi teclado… Dentro, muy dentro, alcánzame esa lengua que no llego. En mitad de la noche/ o de la mañana, desvelas mi mente confusa y… tus manos; tus manos que revelan el negativo de lo que me anida inquieto. Soy bajo de ti/ un instrumento que al fin suena, tus besos/ me afinan la coherencia, equilibrando mi locura con cordura y una chispa de clarividencia. Tira de mi pelo hecho de acero envuelto en fieltro, levántame la falda de palancas, libera mis macillos del sujetador, desátame las cuerdas de las muñecas, hazme vibrar/ entre tus dedos, exprimiéndome la melodía que oculto bajo este vestido de raso negro pulido, y/ atrápame/ mientras caigo en tu abrazo/ sin tregua, desmigájame la melena, y mientras tu derecha me atiza la brasa, tu izquierda… tu izquierda… tu izquierda… me calma/ y me consuela/ de mis múltiples blancas y negras. Sabes tocar/ mis 97 teclas, sin ti soy huérfana. Y cuando resuenen/ nuestros crepúsculos/ recordaré que siempre/ estuvimos/ sonando/ juntos.

Mujer piano en clave de fa

Mujer piano en clave de fa

Os quiero aquí (Agradecimientos a lxs vivos)

Estándar

Sidonie – Estais aqui
http://youtu.be/lE0ZK2Qw0IM

Un jardín de rosas rojas inunda la vista de un foso verde. El perfume de la explanada escarlata no puede llamar mi atención, lo hace la cantidad de gente que hay haciéndole fotos. Las rosas no huelen, han nacido de la mano de un artista, en conmemoración de lxs que ya no están, y en ayuda de lxs que lxs seguirán. Como sólo quiero entender de amor y no de guerras, prefiero celebrar un agradecimiento mientras lxs que participaron estén vivos; aquí va el mío:

(Tributo de rosas de cerámica en la Torre de Londres) Mejor aún es decirlo cuando están vivos.

(Tributo de rosas de cerámica en la Torre de Londres) Mejor aún es decirlo cuando están vivos.

Imagínate un día cualquiera andando por la calle, de pronto, una persona se te acerca cortándote el paso, se te coloca delante dándote la espalda y, sin previo aviso te pide que le cojas mientras se deja caer encima de ti. ¡¿Qué harías?!

Bien, esa persona soy yo, así soy yo; para algunxs soy una persona totalmente desconocida, para otrxs soy amiga, y para todxs lxs demás soy una mera conocida más. Seas quien seas, hoy quiero tener este gesto de agradecimiento, porque en el momento en el que me desnudé y confié en que tus brazos me recogerían, entraste a formar parte de lo que hago; así que no importa si fuiste de lxs que se apartaron mientras caía, o de lxs que echasteis a correr lejos de esta loca ingenua, o si fuiste de lxs que me ayudaron a levantarme tras la caída,  o de lxs que os llevasteis un coscorrón y fuisteis conmigo al suelo por la sorpresa, o de lxs que tuvisteis reflejos y me recogisteis entre vuestros brazos, no importa, hoy quiero daros las gracias a todxs y compartir este pequeño logro para mí. Porque estos 44 “me gusta” que ha recibido la entrada al blog “¡FUEGO! ¡FUEGO!” también son vuestrxs, porque soy yo la que escribe, pero sois vosotrxs lxs que vivís las historias que me inspiran, lxs que dais circunferencia a mis personajes, lxs que sois secuestradxs como musa mientras os observo… Así que gracias por la involuntaria colaboración.

Y a esos 44 desconocidxs, así como al resto que participa en otras entradas (leáis esto o no): gracias por haber extendido vuestros brazos manifestando vuestro agrado, y no haberme dejado caer en el vacío.

Os dedico esta canción de Sidonie a todxs lxs que compartís mi vida, la real y la de ficción, ya sea por elección o por susto (si no tengo el placer de haberte observado aún, ya sabes, si el próximo Halloween alguien te dice: “susto o amiga”, soy yo, no hay duda 😉

“Subimos a mi habitación
No reconozco a nadie pero todos saben quién soy
Yo digo a a a a a adiós
Nadie presta atención
Cojo mi bolsa y me voy

Hay un huésped japonés
Desayunando huevos en el bar del hotel
No sé porque e e e me río de él
Es incómodo, lo sé
Pero no me puedo contener

Os quiero aquí, os quiero aquí
Os quiero aquí, os quiero aquí

Estás aquí, estáis aquí
Ahora mismo estáis aquí
No puedo veros pero sé que estáis aquí

Estáis aquí, estáis aquí
En Buenos Aires y en Berlín
Estáis callados pero sé que estáis aquí

Desnudo me voy a lanzar
Siempre río abajo hasta que llegue al mar
Y que la o o o ola esencial
Y el ve ve ve ve vendaval
Me lleven donde estáis
Me lleven donde estáis”

Una obra de arte no se acaba: se abandona 2/2

Estándar

Fever Ray – If I had a heart

Subtitulado en español

 

(Si no puedes ver el “vídeo” aquí abajo el texto)

No tengo miedo a perderte, me crié acunada por la oscura muerte plagada de estrellas, donde solo yo admiraba su belleza; tengo miedo a tenerte, que te quedes y me sigas dando esta paz y esta balanza con la que pinto cuadros y mi día a día. ¿Qué hago con este algodón de azúcar sino es comérmelo? Y “qué hacemos con lo cotidiano sino es sacarlo de sus casillas”. Aceptar lo inconcluso, la escotilla abierta por la que entra el agua. Resignarse a la belleza de lo que uno es y aborrece. Bailar este tango con el diablo o con la muerte. Hacerle un striptease al desencanto. Vendarle los ojos al aburrimiento. Llenarle la boca de flores al retorcido. Atarle las manos a la inercia. Despertar cosquillas al enfado. Masajearle los pies a la impaciencia. Contarle un chiste a la contrariedad. Mirarte, mirarme; te veo ahí dentro, agazapada, de esta no te libras, me abrazaré fuerte hasta que se me duerman los demonios de aburrimiento. No del todo tampoco, lo suficiente: tenerlos aletargados para que sigan alimentando con su fuego. El que viene de las llamas sin llamas es que muere, a manos del oxígeno. Ser como los demás: la musa de alguien que los observa con avaricia, con ojos de nuevo, con el ceño siempre fruncido y la maleta en la mano. A falta de no poder ser los demás, ser uno mismo, ser el escritor y la musa. Salir a buscar el corazón en otra parte; la de los demás. Oír de nuevo tambores en la carótida cuando te rodea la neblina de lo desconocido; la humedad que riega tu intelecto, desbocando neuronas sobre el papel.

Qué es lo que me pasaba…

Y todo comenzó con un verso que se recuperó entre otro verso.

La poesía. La poesía que despiertan tus labios sobre los míos. O su ausencia. La poesía que viaja rápido entre las medias de tus letras. ¡Mujer tenías que ser!: poesía. Para volverme loca entre tus piernas. Y quien no te adore que no te venda. Que de versos voy y vengo, y en versos me desharé; despacio. O vertiginosa como cuando con tus fonemas me das el orgasmo. Cualquiera que sea la lengua que te mencione tiene el poder de desenterrarme. Quien no te sienta que no te pronuncie, aunque te entienda. Porque sintiendo se puede amar lo que no se comprende, pero no se puede aunque se entienda si no se siente.

Y la cama prendida de la bombilla del cielo nocturno. Y todo fue por la mención de un solo verso; ayer, hoy. El mío en el tuyo, el tuyo que resultó ser suyo.

Y como en algún lugar hay que poner el punto final, porque es el punto final el que da inicio al principio…, aquí mismo, pues da lo mismo el fin, como el principio mismo.

Una obra de arte no se acaba: se abandona (1/2)

Estándar

Bajofondo – Cuesta arriba

(Para lxs que no puedan ver el “vídeo”, a continuación el texto.)

Pero qué es lo que me pasa!
Pero qué es lo que te pasa?

Llegas de la nada, como una neblina matutina, me envuelves con tus palabras húmedas, me calas con el espíritu y remueves la tierra en la que se asientan mis suelas. Tú no eres la respuesta, eres la pregunta; la pregunta que es una nube acosadora de sueños. Y dentro de tu traje gris me siento como un guante. Pero sigues sin ser la respuesta, eres la pregunta infinita. La pregunta que atiza la paradoja de mi esencia. La escusa para seguir siendo yo misma perdida en medio de la niebla vespertina. A todas horas, rodeada de ti, a todas horas; me asfixias, voy atada a tu cintura con un tango mediando entre nosotros. Y si pudiera meterme la mano por la boca y bajando por la garganta prendiendo con mis uñas tu pelo llegar al fondo de donde habitas, y arrancarte como un vómito. Tu mano en mi cuello, deslizándose por la espalda, la confianza de la gravedad en mi peso, mi peso, todo mi peso sobre mi cuello y mi cuello en tu mano, suspendida la alegría, el suspiro y la náusea. Te juro que de mi arrullo te arrancaría, si pudiera. El poder es un mañana que no sé si llegará. Te mandaría lejos, con los que me dieron la vida con la que hoy juego. Te dejaría envuelta en esa niebla como una manta, y lloraría tu pérdida como también lloraría si no te fueras. Como lloro tinta ahora porque eres parte de mí, y yo de ti, más de lo que quisiera, siempre de ti.

¿Qué es negro por fuera, por dentro blanco, y luego, blanco por fuera, negro por dentro? Así rezará mi epitafio, el final será como el principio; un epitafio sin tumba labrado a golpes sobre la carne del espíritu y la mente, incapaces de concebir la gloria sin tormento; y el tormento como argamasa agradecida que construya la alegría.

Pero qué es lo que te pasa!
Pero qué es lo que me pasa?

Qué te ocurre que vienes a remover la tierra que me reúne y me sustenta. Qué me ocurre que abro la puerta a desconocidos cuando al fin la paz habita mi hogar: hogar. Me ocurre que soy hija del aceite y el mar; que llevo transcrito en mis genes el ADN del suicidio. Quién imaginaría que el peor suicida no es el que lo logra, sino el que decide jugar al tango con la muerte.

Siento tus dedos en mi garganta; cómo se me acalora la carne y la tregua: la humedad de tu lengua absorbiendo el sudor de mi axila, mi dedo entre tus dientes, mi pierna cercando tu cintura, una roca viva endureciendo tu bolsillo, la siento a la altura de mis ingles, la leche derramada sobre el vientre, mi aliento sobre tus párpados, el temblor de una caverna entre callosidades: hacer sexo con las palabras y el amor con los pies. Subiendo y bajando. Arriba como abajo. Tu mano mis ojos tus dedos mis pupilas tu nuez mi clavícula el perfume de tu barba en la mandíbula y mis transparencias ocultas.

No sé si sé lo que me pasa. Pero que me ocurra contigo. Con ningún otro, amor mío. Fantasías que sé que son quimeras. Y por ello es que las tengo y anhelo. Mas cuando se hagan carne o tierra desvanecerán mi interés; respira. Y aunque lo sé, me dejo y me atormento. Porque sin ti, mi niña muerte, no sabría lo que es vida. Porque sin ti, mi dulce tormento, no apreciaría rogando al cielo por lo que más quiero.