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Comededos

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comededosShy Girls – Without
http://youtu.be/VbxFlQVRAng
The XX – Together
http://youtu.be/Ddb7Am5lStI

Te escribo con dolor; dolor de dedos. Veo acercarse a nuestra muerte. Pero la miro a los ojos, y le acaricio la mejilla, y la consuelo. Hace tiempo que traspasé la barrera del miedo. Sé que tú me has dado algo único, lo que mi madre no pudo, lo que mi padre no conoció: paz. Es a ti a quien debo mi reencuentro. La estabilidad que he encontrado a tu lado me la llevaré siempre a la espalda, como un hogar mullido. Ve la muerte acechando en las sombras que dejan nuestros gestos. Me sangran los dedos; lo sé, solo yo soy la responsable: me los he estado comiendo; deshojo padrastros como quien deshoja margaritas. La carne roja me palpita. Pero te sigo escribiendo sin curarme las heridas. Cada roce lleva atado un lazo de fuego. Cada exhalación que sale de entre tus labios… me crispa, la soledad que me has regalado. La saliva de tus besos en mi boca… me la limpio con la mano; de pronto, su humedad me enfría. Solo me escuchas cuando grito, y yo solo quiero susurrarte. Al final grito. Los portazos y los derrapes de neumático quedaron atrás; creí que era algo positivo: crecíamos. La pasión se escurre de entre nuestras sábanas; y también de las discusiones. Echo de menos la cólera; al menos la entendía; porque, ¿qué es esto? Intento desengancharme del dramatismo de mi carácter. Eres un mortal maravilloso, un mortal más; reaccionas ante la muerte. Los cantos de cisne se me agotan. ¿Para cuántos años me quedan municiones? Cuántas hebras le quedan a tu cuerda… Cuando la puerta de la comprensión caduca, se abre la de la acción. Me llevo de nuevo un dedo a los labios; acaricio su piel en busca de… oportunidades, grietas; mis dientes abren aún más la brecha; y tiro con ellos, de mi propia carne; y estiro, tironeo, muerdo, tiro, mordisqueo, enjabono con mi saliva, chasqueo entre mordiscos; hasta que la sangre brota, no siento dolor, sólo: hambre. Soy un agujero negro de sentimientos. Practico el canibalismo de un@ mism@. Es entonces cuando sumerjo mis manos en gel de Aloe
Vera, el ardor se apaga, el escozor se enciende, el rojo da paso a la carne mordida rosada, y esta a las costras. Hoy no me curo, hoy me muerdo y te escribo esta carta.

No es que busque amor ahí fuera; busco levantar miradas; como levantaba la tuya… Ver en ese reflejo que todavía soy yo, que soy capaz. Veo nuestra muerte acercarse; la vi la otra noche, en aquel local, en tu ausencia, en los ojos de aquel chico que me miraba. No es que la muerte estuviera en sus ojos… sino en los míos que buscaban su segunda mirada. No te entregaré esta carta, la dejaré aquí, como por casualidad; me conoces como nadie, sabes que ya no creo en las casualidades. Este jueves volveré al local. Sé que él estará allí. ¿Estarás tú? La gente cree que la muerte se nos sobreviene de golpe; están equivocad@s porque no la conocen. La muerte viene de puntillas, día a día toca en tu ventana, y deja una vela encendida cada año de tu vida para que tú la apagues. Ya viene. ¿La hueles? El perfume a muerte es único, jamás se te desprende una vez que tu cerebro lo identifica. Por eso es que puedo verla venir, no es porque tenga súper poderes, es porque tengo el olfato fino. Tal vez te tenso demasiado, como demasiado pienso y siento… Esta vez no pienso anunciarte su llegada. Sólo te diré que salgo el jueves, ¿te vienes?

El beso

 

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