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Una nueva amiga por Omar Martínez

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Entre familiares y amigos le prepararon una pequeña fiesta el día de su ochenta y cinco cumpleaños.

  Ella bailó algunas piezas porque siempre supo imponerle a la vida un espíritu jovial y fuerte.

  Además, luchaba contra las tremendas punzadas que recorrían su cuerpo cada vez que al ritmo de la música colocaba un pie en el piso; sentía como si tremendas hormigas la mordisquearan con fuerza, pero al escuchar las alegres voces a su alrededor se auto animaba. Durante la misma canción pasaba de un nieto a otro girando guiada por los pasos de la juventud, que la hicieron resistir toda su fiesta.

  Después, en el cuarto, cuando todos dormían, se quejaba en silencio de dolores en la columna y los calcañares; unidos a la constante fatiga que siempre la acompañaba.

  Dando vueltas en la cama lo volvió a ver, entonces intentó salir corriendo de la habitación, pero la voz suave que escuchó frente a ella se lo impidió.

—¡Al fin notó mi presencia! No quería, para nada asustarla.

—Te he sentido todas estas noches, pero decidí no perturbarme. Hoy, parece que con la exaltación de la fiesta, no pude lograrlo.

—Yo necesito que mi mamá la conozca. Ya no sé cómo ayudarla; he intentado miles de maneras para aliviarle esos tremendos dolores articulares que la mantienen postrada hace varios años, desde que murió mi padre. Los médicos le piden que se levante y camine, pero no quiere hacerlo.

  De nuevo se impuso su manera positiva de ver la vida, hablaban de ayudar a alguien, no sabía quién era, pero dio el paso al frente.

—Solo tiene que ponerse este traje y los dos entraremos en contacto con un satélite que nos trasladará virtualmente a mi planeta.

  ¿Satélite? ¿Planeta? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?, repicaban sin parar las preguntas en su cerebro. Un latido de dolor en la columna, al colocarse el traje, dio la respuesta.

  La grandeza y oscuridad del cosmos la impresionaron, aunque el viaje le pareció inmensamente largo. Hasta llegar a una habitación algunos metros más grandes que la suya.

—Mamá, esta es la señora de los vídeos que has visto; te había prometido traerla hasta acá para que hablaran, esto te hará bien; estoy seguro.

  Después de presentarlas el joven pidió permiso para dejarlas solas y que conversaran, pero su mamá lo detuvo:

—Alcánzame las medicinas antes de irte, tú sabes que no puedo caminar.  Me siento muy fatigada; además la columna y los calcañares me duelen mucho.

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 ***

«Nací entre amigos que siempre me empujaron a soñar,
ahora vivo entre sueños que me permiten tener amigos
en cualquier parte del Universo…»

Omar Martínez

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La tragedia de la belleza (Basado en hechos reales)

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Nebulosa de brillos, sombras y color

Nebulosa de brillos, sombras y color

Yann Tiersen – J’y suis jamais alle (intro)

 

La sombra que da tu silueta no la da ninguna sombrilla. Arcilla en la cuenca de la mano; salitre en la comisura de los labios. Un sol como un disco afilado, pendiendo sobre la cabeza. Cosquillas líquidas encauzadas por el valle de la espalda, un mar verde entre el cielo y el suelo, transpira el perfume del azahar. Una camisa alrededor del cuello…

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Perspectiva de lo que pende

En la penumbra fresca de la tarde. Un móvil que devuelve el eco del vacío: la soledad de la casa, todo en orden, limpio y recogido, la suavidad del pincel acariciando las uñas. Todo perfecto. La ocasión definitiva, que esté todo perfecto. De música ambiental, las risas y gritos de los niños en el parque, trinos de vencejos sobre el circuito de la plaza. El esmeril en la planta de los pies. Un culotte de transparencias negras y ribetes naranjas que erizan los muslos en su ascenso. El camisón de raso que él prefiere, humedecido por el calor bajo sus senos, pezones delimitando la tela. Y la cuerda, áspera y rugosa, entre sus dedos. Es el momento, justo, alineado, exquisito…

 
Linkin Park & Steve Aoki – A Light That Never Comes

La tragedia de la belleza

La belleza de la tragedia

“… The nights go on
Waiting for a light that never comes
I chase the sun
Waiting for a light that never comes…”

Del cuello. Unas manos sudorosas que tiñen una camisa, enroscándola alrededor del cuello como una constrictor. Una serpiente con mangas que cuelgan sobre el torso desnudo. El perfume de esta tierra de las flores y de la luz suspirando su adiós. Unos brazos moldeados anudan las mangas vacías de carne, llenas de voluntad, al brazo de uno de los árboles. De rodillas sobre la tierra grumosa. Aún mecido en medio del eco de la malta tostada…

 

La tragedia de la belleza

La tragedia de la belleza

BROODS – Never Gonna Change

“… And I hate that I’m always so young
Have me feeling like you are the one
And it’s never gonna feel like it’s time
Cause it’s never gonna change
Never gonna change…”

Exquisito es el hilo que trenza infinitos hilos, sosteniendo una vida entre sus hebras que lo sostuvo a él primero. Una cuerda que espera a que se abra la puerta para completar su existencia y, aparezca él. No, así sí, pero no. Un mensaje que se envía por el móvil desde el porvenir:

 

“… When the flood gates open, erase the shores

Camino de sombras

Camino de sombras

At best you don’t care that it breaks some doors…”

Linkin Park

 

 

La malta tostada es unos watsapp que no se contestan. Pendida de un hilo la vida. No hay sombra como la de las ramas y hojas. El perfume que ya llega al paladar. La gravedad de la voluntad es lo que tira de la improvisada soga; ni es el peso ni la fuerza ajena. Con las rodillas cobijadas en tierra, el peso muerto de los pensamientos, el sabor del azahar como último aliento (para algunos, vivir es un esfuerzo), el tacto de la corteza en los callos, una camisa que estrangula el peso de la carga que se libera, la lengua que se expande para decir lo que nadie quiere oír, la nuez que quiere tragar una decisión. Y al fin la paz con el abrazo en la garganta, las palmas sobre el tronco y los pies en tierra; así es como lo encuentran.

Entre tus piernas

Entre tus piernas

“… And I hate that I can’t say your name
Without feeling like I’m part of the blame
And it’s never gonna feel quite the same
But it’s never gonna change…”

BROODS

: “No vengas a casa solo”. Una soga de triple nudo con un lazo adornando el envoltorio en mitad del comedor. La sorpresa es el cuello de ella al final del lazo, con los pies desnudos y las uñas naranjas sobre el piso recién pulido, las rodillas semiflexionadas, la cabeza ladeada con el cabello planchado recogido sobre uno de los hombros. El clic de la llave abriendo la cerradura y el “espera, no entres, vamos nosotros primero”.

Yann Tiersen – J’y suis jamais alle

“La idea de la muerte siempre estará ahí, como una salida. Tienes que aceptarlo, y aprender a convivir con ella.”

Dr. Zafra, psiquiatra

Diáfano de brillos, sombras y color

Diáfano de brillos, sombras y color

 

 

Donde acaba el arcoiris

Donde acaba el arcoiris

La paradoja de ver

Paradoja de ver

La 1ª y la 2ª célula enferma (cuento seleccionado para publicación)

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Con motivo de la selección de “La 1ª célula enferma” para su publicación, le ha surgido a nuestra primera, otra 2ª célula enferma. Aquí la dejo. Y aprovecho para poneros la invitación a la presentación del libro, e informaros a los miles de millones de lectores ;P que podéis conseguir vuestro ejemplar por encargo, al módico precio de los costes de edición (7 €) y gastos de envío (Península 4 €).

La 1ª cél. enferma

Santigold – Freak like me
http://youtu.be/NyunTKdUI10

A Ana, todo un reactivo 😉

La enfermedad: ¿es un estado o una condición? Me siento sola en este ingente cuerpo; asediada por la gente que se deja llevar por el torrente sanguíneo. Levantan los brazos sin mirar al suelo y se lanzan por toboganes infinitos de venas y arterias. No me reconozco en mis iguales; son un espejo borroso; coincidimos en la masa informe de la imagen, pero bajo lupa… Los píxeles son, universos de matices. ¿Siempre fue así, o hubo algún catalizador? Ya de niña, siendo una célula madre, debía de apuntar maneras, porque las otras células madre me hacían el vacío y me llamaban “rara”. Cuanto más me señalaban, más engordaba y engordaba mi membrana celular y más me recogía hacia dentro, mirándome el ombligo, y más me diferenciaba cultivando mis orgánulos; cuanto más se distanciaban de mí, más espacio dejaban a mi alrededor, y yo me veía obligada a rellenarlo, y tenía que expandir mi citosol y hacer crecer mi núcleo, y crecía, y crecía… Quién empezó el ciclo, ¿fueron ellas o fui yo? Las balanzas tienen dos brazos, nunca son mancas, como tampoco son mancas las respuestas; llegan como las abejas, primero una, la exploradora, y después en multitud si encuentran néctar. A medida que iba creciendo, menos miraba al resto, y más me especializaba en el camino tortuoso. Pero fui tropezándome con otras a las que también apartaban del músculo; no nos miramos a los ojos, estábamos demasiado ocupadas con nuestros núcleos, creciendo. Y así seguimos durante años, en solitario, cavando nuestra propia epidermis, juntas pero no revueltas. Me siento sola. Cuanto más trato de relacionarme con las demás células del cuerpo al que pertenezco, más sola me siento. La comunicación es como cualquier tendón, cuanto menos lo estiras y lo usas, más se retrae y se oxida. ¿Estoy enferma?, o, ¿soy una célula enferma? Los cromosomas que están en mi interior me dieron la vida y me conformaron, los odié en mi subconsciente: eran los que me habían creado diferente a ojos de las demás; los combatí durante los años de mi adolescencia y primera juventud; permanecí en estado latente. Al final encontré un propósito, un trabajo que me reconfortaba y que, además, se me daba bien: las sagradas escrituras del ADN. Me volqué en ello como si fuera un flotador en medio del vasto plasma; el Sr. Ácido Desoxirribonucleico era dios, y si dios había creado el mundo también podía mejorarlo; dejé de ir en contra de quien me había dado la vida y empecé a conocer para poder entender. ¡Podía cambiar mi rumbo! Pero aquello que denominaban escrituras no se escribían, sino que se repetían; las mismas historias una y otra vez, una y otra vez, otra vez y, entonces, una. Me consumía copiar y copiar lo que ya estaba dicho. Inamovible. ¡Soy un ser creativo! ¡Que me dejen ser y crear! Así pues, empecé a hacer ligeras variaciones en la cadena del genoma: esta base combinaría mejor con esta otra aquí, este triplete de nucleótidos sería más eficaz con un poco de ritmo de estos otros aminoácidos, ¿que es ruido?, ¡quién lo ha dicho! Me despidieron de la fábrica, pero el ácido ribonucleico ya había concluido su trabajo, y las mutaciones que había creado ya eran inmortales, aunque pasaran milenios archivadas en la genoteca virtual, algún día verían la luz. A lo largo de mi vida me han llamado muchas cosas: desarraigada, bulto, rara, más falsa que una moneda de chocolate (me encanta el chocolate), masa, loca, tumor… zorra. Este fue el último piropo que me dedicaron. Al quedarme en paro, me dediqué, en materia y cuanto, a seguir escribiendo secuencias genéticas por mi cuenta y a probar suerte presentándolas a concurso. Las polimerasas buscaban mejoras evolutivas para las siguientes generaciones. Una de aquellas secuencias mías fue seleccionada, y empecé a sentirme menos sola. Tal vez pudiera entenderme con otras células que también hablaran el lenguaje amino-carboxilo… La esperanza palpitaba en mis membranas. En el email que recibí del organizador del concurso, informándome de que era una de las seleccionadas, descubrí las direcciones de otras concursantes; en mi euforia química, di por sentado que sus escritos también habrían sido seleccionados para ser incluidos en las células sexuales, y que sentiríamos el mundo de los tejidos de igual forma. Y me puse en contacto con ellas enviándoles parte de mi trabajo. Pero me equivoqué. A menudo peco de contradictoria, de malentendida; será que mi inconsciente, igual que pone mi vista en lo diferente, por defecto, busca provocar la diferencia con el resto… Corroborar etiquetas. Meter nuestra complejidad en cajones. Simplificarnos escondiéndonos en armarios. Mi pH es extremófilo. Padezco una demencia senil prematura de laboratorio; olvido una de las máximas de la filosofía de pipetas: ir siempre de menos reactivo a más. Los grandes descubrimientos de la historia se han dado gracias a colaboraciones y al compartir de trabajos en desarrollo. Qué sería un newton sin su faradio. Mis mitocondrias aún están digiriendo a la zorra; qué le vamos a hacer, es el colmo de toda estreñida crónica, repetir la comida. Pero otras cuatro células me contestaron de mejor humor vítreo, y ahora estamos en contacto, conociéndonos… No sé si llegara a algún lado todo esto. ¿Importa? Todo en esta vida puede sintetizarse a ensayo y error. Seguiré probando, enviando mensajes en una botella al universo en diferentes longitudes de onda, esperando, buscando, más que una contestación, un diálogo eterno. Expandirse con otr@ como una supernova. ¿Estoy enferma de mí misma, o soy una enferma para los demás? Los estados de la materia pueden revertirse; quiero licuarme, sublimarme con otr@, que me solidifiquen. ¿Hay enfermedad porque donde hay enfermedad hay cura? O, ¿porque no nos curamos enfermamos? Seguiré probando, gritándole al corazón y al cerebro que me gobiernan: “¿Hola? Hay alguien más ahí…” Aunque solo retornen los ecos. La repetición nos lleva a la locura y a la mejora. En mi caso, creo que me convertí en tumor por abandono: de los demás; de mí misma. Podría remitir; podría congelarme; o podría convertirme en cáncer. Hay tantas opciones… Tantas posibilidades… Podría haber sido tan diferente… ¿podría? Desconozco mi futuro; ¿lo desconozco?

Morir digiriendo sentimientos; morir, solo para demostrar, que teníamos razón: “No, no puedo”.

 

La 1ª cél. enferma-portada