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Ustedes, los terrícolas… por Omar Martínez

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Björk – Cosmogony

Vía Láctea

Vía Láctea

 

  Las naves interestelares producían un sonido frecuente en sus noches. En ese año los viajes al espacio se habían multiplicado con el descubrimiento de nuevas galaxias habitadas. Ibrahim, un terrícola de casi cuatro décadas y toda la vida dedicada al estudio del cosmos, pensaba en Birma M., su esposa.

  Se conocieron durante una investigación conjunta de científicos de la Tierra y el planeta 33-H, ubicado casi en el centro de la Vía Láctea; en ese lugar se imponía la vegetación, y esto había desarrollado en sus habitantes un organismo muy susceptible a la falta de oxígeno.

  La pareja pasaba la mayor parte del tiempo en naves espaciales, en algún que otro satélite o simplemente en el inmenso vacío cósmico.
Una de estas expediciones tuvo un aliciente diferente: fueron testigo de la «muerte» por fragmentación de dos estrellas novas que enigmáticamente variaron su dirección de desplazamiento y compactaron entre sí. Ibrahim y otro cosmonauta, expuestos a un inmenso peligro se lanzaron al exterior y señalizaron uno de los pequeños cuerpos celestes nacido de este quebrantamiento, con tremendas posibilidades de desarrollo. Lograron vencer la distancia que los separaba y con sus pistolas de rayos gamma-X compresos, pudieron atraerlo y conectarlo al flujo de rayos de la nave; para alejarlo del lugar del colapso.
Al llegar a un punto donde tenía posibilidades de progreso, cortaron la línea de unión y lo dejaron libre. Quizás naciera un nuevo sistema estelar.

  Después de ese acontecimiento, Birma M. notaba un tanto extraño el comportamiento cotidiano de su esposo y con mucha insistencia logró que este le dijera su necesidad de tener un hijo de ella.
—Yo no me siento preparada todavía —fue su respuesta en múltiples ocasiones; y no lograban un acuerdo.
Siempre que se entregaban al amor ella prácticamente tenía que exigirle la correcta protección, situación esta que fue haciendo más dispersas y difíciles las relaciones. Él no se cansaba de pedirle un hijo a su esposa, y ella ya no encontraba palabras para hacerle comprender que debían esperar.

Una noche, despertado por el acostumbrado ruido del ascenso de una nave, Ibrahim intentó tocar a su Birma M., pero ella no estaba.
En la computadora encontró una nota:

“He tomado esta decisión por lo mucho que te quiero, créemelo. Es posible que no lo hayas notado, pero mi esfuerzo por vivir juntos en tu planeta ha sido tremendo. Ustedes, aquí en la Tierra, poco a poco, terminaron con la vegetación, tú conoces bien la historia. Yo estaba dispuesta a continuar a tu lado, porque te amo; pero mi organismo no tiene la capacidad para darte un hijo aquí; nos perderías a los dos.
Concebir un hijo no es lo mismo que hacer nacer una estrella.
La culpa no es tuya, es de ustedes, los terrícolas…”.

***

Vía Láctea

Vía Láctea

«Nací entre amigos que siempre me empujaron a soñar,
ahora vivo entre sueños que me permiten tener amigos
en cualquier parte del Universo…»

Omar Martínez

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Cadena de deseos

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Jose González – Stay Alive
http://youtu.be/KZnu7fVRPIc

Dos desconocidas encaradas en un vagón; dirección: Istambul.Istambul
Anónima de la izquierda carga con una maleta de mano morada con ruedas. Anónima de la derecha carga con el chico que se sienta a su lado; su peso se trasluce en la mirada vidriosa. Una observa a la otra.                                                                                                     La noche es una cortina echada al otro lado de la ventana; luces de suburbios salpican el reflejo de una vida que recibe codazos en su comienzo. Su acompañante está zambullido en su smartphone con el ceño fruncido. Entre ellos no intercambian mas que el aire que exhalan y respiran; una vez tras la siguiente.

Sentada enfrente, la testigo que los observa garabatea en una pequeña libreta, cuando acaba, le da unos golpecitos en la rodilla a la desconocida y le entrega la hoja que arranca. Solo entonces se cuela en el mundo tras el cristal, mientras por el rabillo del ojo ve en la otra, una mirada nublada que deja de llover, y una incertidumbre que despeja su cielo.
Mira con atención la hoja, consulta su teléfono, y al fin, entiende. Es entonces cuando el chico ve el papel en su mano y le habla rompiendo el momento a porrazos; con ojos de rapaz le señala el dibujo que sostiene. Ella responde en tono defensivo y le gira la cabeza. Las luces del exterior ahora brillan en su mirada.

Dos desconocidas encaradas en un vagón que se adentra en Istambul, se separan para siempre. Anónima de la izquierda se levanta empujando su maleta morada de ruedas. Anónima de la derecha y su acompañante apartan las rodillas para dejar paso. Una observa a la otra.

Las puertas se abren: dos miradas sobrevuelan el vagón; dos sonrisas que se intercambian el alma. Un sol que brilla en mitad de la noche turca.

***

Hozier – Work Song
http://youtu.be/0_oGM2o2y0Y

<<Otro vagón de metro que avanza a quejidos sobre las vías del sábado. A estas horas va prácticamente vacío. Como siempre mi vida va a contracorriente: voy a trabajar, ¿a dónde irá esta gente?>> En mis auriculares Work Song me acompaña en el trayecto. A la señora de traje y zapatillas le asoma por entre la abertura de la chaqueta una chapa, a altura del pecho de una camisa de rayas. <<Mira, ella también va a trabajar en fin de semana. Aunque seguro que no lo hace solo en festivos…>> Un hombre junto a una maleta, escribiendo. <<Mira, otro freaky de la palabra escrita. ¿Quién escribe hoy día con bolígrafo en un vagón de metro…? Pero qué hace, ¿eso es celo? Ja, ja, ja, ja, éste está peor que yo. ¡Está pegando un folio en la pared! Que se levanta, que se levanta.>>

Miro a otro lado. Pasa por delante. SCadena de deseosu maleta y él esperan frente a la puerta. Soy un gato con un momento aleteando en mi campo de visión. Me puede, me puede. Giro la cabeza hacia el asiento aún tibio. Le doy la espalda al desconocido. <<¿Y si me ve?>> Una oleada caliente me sube por el pecho hasta las mejillas; las manos me arden. Pero soy un gato, y ya sé qué momentos vienen después: los de siempre. Agudizo la mirada, a tres asientos de distancia las palabras se mecen sobre los raíles. Me coloco bien las gafas sobre el puente de la nariz. Oigo como las puertas se abren y el pitido que me apremia. Termino de leer y me descubro con el brazo apoyado en el asiento de al lado e inclinada sobre él. El momento se mueve. A través del cristal nuestras miradas se cruzan. El desconocido de la maleta se aleja; nos despedimos con una sonrisa en los ojos. <<El vagón de metro que avanza tarareando esperanzas.>>

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Above & Beyond – Satellite / Stealing Time
http://youtu.be/Fd1mRXkwUrA

Un marco hecho de ladrillos de caravista desnudos de enlucido y listones de madera, bajo pies que cantan en deportivas y zapatos de cordón negros, baqueteando al ritmo del contrabajo. Una corbata tirada sobre el suelo, acompañada por una copa de vino bermellón dejada a espaldas de unos vaqueros con chaqueta azul marino, que susurran a un micro. Unas manos recorren ávidas la garganta de cuerdas, sobre una piel bronceada de madera. Unas notas sobrevuelan el aire de glicina perfumándolo de promesas exhaladas bajo la presión de los dedos. Decenas de desconocidos sentados en el salón de tu casa: Gente EnBabia.

Junto a mí oigo a extraños chasquear dedos; percusionistas improvisados vestidos de público. Complicidad encubierta como pausas entre temas. La atmósfera del momento tejida de los haikus de Sergio; haikus que se enfundan medias de acuarelas para salir de entre las tapas, y tañer de océanos el ambiente, con los colores del agua de Luis; la voz confiesa en micro abierto que él ha venido disfrazado de haiku. No es el único, en la primera fila, una chica va disfrazada de lienzo. En su camiseta blanca de tirantes florece un árbol gris de palabras negras que alegan: <<Amor es… evolucionar junt@s>>. Mientras el concierto crece, ella trastea en su teléfono, en el bolso, en una servilleta sobre la mesilla verde. El momento queda en silencio y en el escenario dormitan los instrumentos; la desconocida se marcha depositando la servilleta sobre un taburete con partituras.
Cuando Max llega para recoger, descubre el papel y se lo muestra a Mateo y a Vicent.

“CAZADORES DE MOMENTOS
ENCORDADOS ENTRE DEDOS
Y VOCALES”

Dibujada, una clave de sol con forma de contrabajo acompaña el sentimiento: “Gracias por ser alimento de musa”.

***

clave de sol-contrabajo 001

Bo Saris – The addict
http://youtu.be/qrbtsa65Kgw

Un libro que hiberna sobre la estantería de una biblioteca de techos altos y columnas de piedra. En su interior, una nota que no es del autor, espera al siguiente lector. Palabras de un adicto dedicadas a otro adicto; palabras que encadenan momentos anónimos compartidos con desconocidos; palabras que buscan desempolvar humanidades; palabras que rebalsan deseos a extraños que viajan en este mismo tren.

<<No te conozco, tal vez jamás lo haré, y si te veo, no te reconoceré.

Pero deseo que encuentres lo que necesitas para elegir ser feliz.

Esta es una cadena de deseos en lugares públicos o comunes:

ignórala y permanece en lo conocido, respétala y que otrxs la lean o,

continúala como hago yo. Decidas lo que decidas te deseo lo mejor;

porque sin conocerte, sé que nuestras vidas están entrelazadas:

en aquel vagón, en esa ciudad, en ese bar, en esta red, en esta vida y en este mundo;

ayer, mañana, hoy.>>

***
¿…?