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Un Winogrand del 64 con unas gotas de Dickens, por favor

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Gracias a Luis Sánchez por la historia y las correcciones,
A Garry Winogrand por la Historia y la imagen,
A Airelle Besson y Nelson Veras por la inspiración
Y a Mateo Rived Quintet por la voz.

Vídeo y audio del relato:

https://youtu.be/ww-8R2o3QwI

(Inspiración) Hechos Reales: Polícia vs Negros & Historia USA

Era la mejor de las naciones, era la peor de las naciones.

 

"Era la mejor de las naciones..."  Dibujo digital realizado con PhotoScape

Era la mejor de las naciones…
(Dibujo digital realizado con PhotoScape)

La primavera se estrenaba con un cielo despejado y una brisa que era como una caricia. El tráfico bullía por la avenida salpicada de luciérnagas incandescentes, el aire olía a tubo de escape y a sal.

 

Cazzo dio –maldijo Alessio con el pitillo aún entre los dientes.

Puso el indicador de dirección y accionó el pedal de freno del descapotable; el “Little Bird” se hizo a un lado con un suave ronroneo.

—Qué ocurre Ales, por qué… —Mary Rose vio al momento los destellos rojos y azules en su espejo retrovisor.

 

La noche se detuvo por completo sobre sus cabezas expuestas a la intemperie. Alessio apagó la radio, interrumpiendo la mención de la entrevista del Time al autor de Just a gigolo. Mary Rose se irguió en el asiento, encorsetada de pronto, se oyó el quejido del cuero bajo su piel canela, y miró a su compañero sin pestañear mientras intentaba, en vano, estirar la falda del vestido hasta sus rodillas desnudas.

 

Tranquilla la mia rosa, lo tengo todo bajo control –Alessio tiró su Lucky por la ventanilla con la vista imantada al espejo del parabrisas.

Dos pares de pies se acercaban a paso decididamente lento.

 

"Un Winogrand del 64" Dibujo digital

Un Winogrand del 64
(Dibujo digital)

Mary Rose seguía animando a la tela a crecer sin éxito, mientras, un caballero con sombrero los observaba con las cejas encorvadas, cuando ella le devolvió la mirada sosteniéndosela, el señor escupió y apartó la vista, paseaba un caniche (también era blanco) recién salido de la peluquería; de inmediato, en un acto reflejo, ella se llevó los dedos color miel al elaborado moño, y exhaló un suspiro a media sonrisa, comenzando a desatarse el pañuelo que le cubría la cabeza.

 

En el espejo, ya solo se podían ver, un par de piernas que ascendían hasta convertirse en unos guantes negros, que jugueteaban con una porra lanzándola de la palma al cielo, y regreso. El agente Smith se paseaba de la nuca a las manos de la mujer, que descubrían a una morena envuelta en un refinado recogido.

 

Mary Rose había conseguido deshacer el nudo y justo en el instante en el que lograba cubrir sus pantorrillas con la seda, el agente Morgan alcanzaba la ventanilla del conductor.

 

—Buenas noches agente.

—¡Agente! ¿Ha oído eso jefe? –Morgan miró a Smith que asentía sonriente avanzando por el otro costado del vehículo—. Hoy no haces bromas sobre mi afeitado de… cómo era… ¡bambino, eso es! ¿Ya has aprendido la lección “Pestuzzini”? ¿O es por lo bien acompañado que vas?

 

La porra continuaba su inercia, no podían verla, pero ahora oían todo su peso caer contra la palma.

—Señorita, permítame… proteger sus intereses: ¿a caso su comunidad está al tanto de con quién se mezcla? —Smith se dejaba caer contra la puerta de Mary Rose.

—Qué vergüenza –masculló Morgan dando un puntapié a la carrocería sin dejar de mirar a Mary Rose por la ranura de las pestañas—. ¡Pero mírate “Pestuzzini”! ¿Sacando de paseo a la perra de la chacha? —soltó en una risotada.

 

Un claxon trinó contra un peatón que cruzaba corriendo a unos metros frente a ellos. Smith apoyó la porra sobre la puerta y la fue deslizando hacia el interior, hasta que toda su longitud negra quedó extendida hacia la boca de Mary Rose. El indicador de dirección delataba con apremio el paso del tiempo, Alessio lo quitó de un manotazo.

Ella continuaba mirando al frente como si aquella barra fuera incapaz de perturbar su visión, pero apretaba las palmas contra las piernas.

 

—¡Tú, negra desteñida, fuera del carro!, inspección rutinaria: manos sobre el capó, piernas separadas… ¡A qué esperas! Ya conoces el procedimiento, ¡vamos! –gritaba Morgan.

Mary Rose seguía apretando la tela contra sus muslos, Alessio se percató del gesto: adelantó el cuerpo, encorvó los hombros, pegó la barbilla al pecho y levantó la voz:

—Dime Morgan, li hanno piaciuto i miei penne alla tua mamma?

 

El puño apenas encontró una mínima resistencia en el tabique. Morgan tiró de la puerta:

—¡Fuera! ¡Al suelo jodido bastardo!

 

La mayoría de transeúntes apartaban la mirada acelerando el paso para continuar con su destino. Arrastrada de la mano, una niña afroamericana preguntaba: “Mamá, ¿qué hacen los policías?”, “Mantener las cosas en orden, cariño. Vamos sigue caminando, agacha la cabeza y no mires”. Desde la puerta de su negocio, un barbero que había estado contemplando de brazos cruzados la escena, sacó su tabaco y comenzó a fumar.

>>¡He dicho fuera! –Morgan agarró a Alessio tirándolo sobre el pavimento.

 

Al otro lado del vehículo, Mary Rose acariciaba la porra policial; había comenzado en cuanto oyó a Alessio pronunciar el final del viejo chiste.

—Agente…

—Smith.

—Agente Smith, ¿cree usted, que es, realmente, necesario todo esto?–Mary Rose se mordía el labio inferior, mientras que con su uña pintada de granate, iba arañando la superficie pulida, despacio, descendiendo hacia la empuñadura.

—No se me ocurre otra solución, señorita.

 

Una Harley sobrevoló el asfalto escopeteando el aire junto a ellos. En la esquina del boulevar, un joven vigilaba parapetado entre su boina y los destellos de la farola. En algún lugar cercano se oía a un gato bufar. Morgan desenfundó su arma, con el pie, aplastó la muñeca de Alessio sujetándole la mano contra el suelo, y apuntó:

—Día de ajustar cuentas “Pestuzzini”, vete despidiendo de volver a conducir.

 

Entonces Mary Rose se descubrió las piernas y anudando la tela alrededor de la porra dijo:

—Agente Smith, si encontrara mi pañuelo ¿sería tan amable de acercármelo al trabajo?, estoy en el Royal Diner.

—¡Agente Morgan! Nos llaman de la central –Smith se retiró guardándose la prenda en el bolsillo.

—Maldito “fillo” di puttana, un día de estos te juro que te trincaré, y tu sucio culo de Dago no volverá a manchar ¡este ni ningún otro coche americano! –y le escupió una patada en las costillas, marchándose.

 

El sonido del obturador de la cámara se camuflaba entre el zumbido del tráfico. El motor del coche patrulla se sumó, perdiéndose en el enjambre.

 

Alessio regresó al volante limpiándose con el dorso la sangre.

—Hay que buscar un dispensario abierto.

—No hace falta, abre la guantera.

 

En el espejo, Alessio terminaba de colocarse el esparadrapo mientras Mary Rose cerraba el botiquín de mano.

—¿Te duele?

—Estoy bien, solo duele la primera vez que te la parten, tranquilla. ¿Tú estás bien?

—Estoy bien, solo duele la primera vez que te lo parten, tranquillo –susurró mirando al frente—. Llegaremos tarde al baile.

Alessio metió la primera y encendió la radio: Time After Time. El descapotable despegó y él giró la cabeza hacia ella, con la nariz tachada de blanco.

 

La mia rosa nera, pero qué has hecho… Te dije que lo tenía todo controlado.

—Solo hice lo necesario –respondió ella levantando ligeramente el mentón.

Cazzo amaricani… –masticó.

 

En la esquina, al paso del vehículo, el joven de la boina disparaba su cámara Leica M4 al momento que lo cruzaba, y Alessio alargaba la mano en busca de sus Luckies.

 

Hay realidades humanas
en las que ayer, sigue siendo hoy”.

Los Angeles, 1964 dibujo de la fotografía de Garry Winogrand (Exposición en la fundación Mapfre, Madrid, hasta 3 de Mayo '15)

Los Angeles, 1964
dibujo de la fotografía de Garry Winogrand
(Exposición en la fundación Mapfre, Madrid, hasta 3 de Mayo ’15)

Alisa De Trevi

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