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Una obra de arte no se acaba: se abandona (1/2)

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Bajofondo – Cuesta arriba

(Para lxs que no puedan ver el “vídeo”, a continuación el texto.)

Pero qué es lo que me pasa!
Pero qué es lo que te pasa?

Llegas de la nada, como una neblina matutina, me envuelves con tus palabras húmedas, me calas con el espíritu y remueves la tierra en la que se asientan mis suelas. Tú no eres la respuesta, eres la pregunta; la pregunta que es una nube acosadora de sueños. Y dentro de tu traje gris me siento como un guante. Pero sigues sin ser la respuesta, eres la pregunta infinita. La pregunta que atiza la paradoja de mi esencia. La escusa para seguir siendo yo misma perdida en medio de la niebla vespertina. A todas horas, rodeada de ti, a todas horas; me asfixias, voy atada a tu cintura con un tango mediando entre nosotros. Y si pudiera meterme la mano por la boca y bajando por la garganta prendiendo con mis uñas tu pelo llegar al fondo de donde habitas, y arrancarte como un vómito. Tu mano en mi cuello, deslizándose por la espalda, la confianza de la gravedad en mi peso, mi peso, todo mi peso sobre mi cuello y mi cuello en tu mano, suspendida la alegría, el suspiro y la náusea. Te juro que de mi arrullo te arrancaría, si pudiera. El poder es un mañana que no sé si llegará. Te mandaría lejos, con los que me dieron la vida con la que hoy juego. Te dejaría envuelta en esa niebla como una manta, y lloraría tu pérdida como también lloraría si no te fueras. Como lloro tinta ahora porque eres parte de mí, y yo de ti, más de lo que quisiera, siempre de ti.

¿Qué es negro por fuera, por dentro blanco, y luego, blanco por fuera, negro por dentro? Así rezará mi epitafio, el final será como el principio; un epitafio sin tumba labrado a golpes sobre la carne del espíritu y la mente, incapaces de concebir la gloria sin tormento; y el tormento como argamasa agradecida que construya la alegría.

Pero qué es lo que te pasa!
Pero qué es lo que me pasa?

Qué te ocurre que vienes a remover la tierra que me reúne y me sustenta. Qué me ocurre que abro la puerta a desconocidos cuando al fin la paz habita mi hogar: hogar. Me ocurre que soy hija del aceite y el mar; que llevo transcrito en mis genes el ADN del suicidio. Quién imaginaría que el peor suicida no es el que lo logra, sino el que decide jugar al tango con la muerte.

Siento tus dedos en mi garganta; cómo se me acalora la carne y la tregua: la humedad de tu lengua absorbiendo el sudor de mi axila, mi dedo entre tus dientes, mi pierna cercando tu cintura, una roca viva endureciendo tu bolsillo, la siento a la altura de mis ingles, la leche derramada sobre el vientre, mi aliento sobre tus párpados, el temblor de una caverna entre callosidades: hacer sexo con las palabras y el amor con los pies. Subiendo y bajando. Arriba como abajo. Tu mano mis ojos tus dedos mis pupilas tu nuez mi clavícula el perfume de tu barba en la mandíbula y mis transparencias ocultas.

No sé si sé lo que me pasa. Pero que me ocurra contigo. Con ningún otro, amor mío. Fantasías que sé que son quimeras. Y por ello es que las tengo y anhelo. Mas cuando se hagan carne o tierra desvanecerán mi interés; respira. Y aunque lo sé, me dejo y me atormento. Porque sin ti, mi niña muerte, no sabría lo que es vida. Porque sin ti, mi dulce tormento, no apreciaría rogando al cielo por lo que más quiero.

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