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Comededos en pausa (parte 3/X)

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A Nieves

Michael Kiwanuka – It always comes back

http://youtu.be/j0AVAektWfk
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–¿Vas a salir el jueves?
–Cómo… –paré de leer, giré la cabeza y le miré.
–Que si piensas salir el jueves…
La luz de la pantalla de la tablet le salía de las manos iluminando su rostro quebrado.
–Amor ya no hace falta –noté una bola de pelo atascada en mi garganta.
Apagó el aparato y se tumbó. Su lado de la cama quedó a oscuras. El espacio de las sábanas que había entre nosotros se me hizo inmenso; un frío me caló los pies.
–Amor ¿estás bien?
Se encogió de hombros.
–¿Qué sientes? ¿Qué piensas?
El silencio era ensordecedor.
–Te ha sentado mal… Lo entiendo. Pero tengo necesidades, igual que tú, y últimamente la rutina… Ya te lo dije, pero no me escuchas. Nos echo de menos.
–¡Ya, pero no puedes pretender que sea lo mismo que al principio! –su tono se elevaba a cada fonema igual que se reincorporaba su cuerpo.
–¡No pretendo que sea igual! ¡No es eso lo que digo! Ves como nunca me escuchas…
–¡Sí que lo hago! Ya estás exagerando, como de costumbre.
La bola de pelo empujaba por salir, y yo tosía y tosía y arqueaba la espalda queriendo vomitarlo todo. Decenas de peleas acumuladas pujaban en mi recuerdo, sentimientos danzando dentro de nosotros en una guerra fría. Pero al menos ya no salía huyendo en mi bólido; mi piel ya no me quemaba a su lado haciéndome votar al sofá.
–¿Te das cuenta? Ya estamos otra vez peleando en vez de discutir lo que sentimos…
–Sí es cierto… –suspiró y me recogió la mano.
–Solo trataba de decirte que siento que nos distanciamos, y que la rutina se apodera de nuestra relación… Que de vez en cuando necesito que salgamos por ahí, necesito bailar, y sé que a ti no te gusta, pero yo lo necesito, no te estoy diciendo que vaya a salir todos los fines de semana, solo que una vez cada dos meses necesito salir al mundo y sentirme atractiva y bailar como una rubia loca, y no estoy pidiendo que me acompañes, no quiero obligarte a hacer algo que no te gusta, pero tampoco puedes pedirme que yo deje de bailar, ¿crees que me gusta estar bailando mientras tú estás ahí parado con una copa en la mano?, ¿crees que lo disfruto igual de bien?, pero no puedo hacerlo si nosotros no estamos bien del todo, no puedo arreglarme y salir sin ti tranquila si tú y yo no recuperamos nuestras mariquitas en el estómago –se rió y me apretó la mano–. Es normal sentir que el primer impulso sea estar celoso o incómodo o molesto, pero por eso nos llamamos Sapiens después del Homo, porque podemos racionalizar nuestros impulsos animales, y hablarnos y entendernos… No quiero buscar segundas miradas de otros, quiero buscar la tuya, quiero que vuelva la tuya… –la bola de pelo salió al exterior transmutada en lágrima.
–Sé que he estado muy ocupado en las últimas semanas, y ya me conoces, sabes que me cuesta darme cuenta de las cosas, de eso te encargas tú, de señalarme el camino que pisamos. Pero quiero que comprendas que si de normal me cuesta ir hasta Valencia, los jueves que al día siguiente trabajo, estoy cansado. ¿Qué te parece si volvemos a las sorpresitas de los viernes? Lo dejamos de hacer porque pensamos que ya teníamos integrado lo de ser más detallistas… pero cuando empezamos a hacerlo fue por algo similar, ¿recuerdas?
–Sí, la tuvimos buena –reí– yo me quejaba de que quería más romanticismo en nuestra relación. Entonces daba un portazo y me largaba. Vamos mejorando –nos miramos a los ojos y nos sonreímos–. Sí, la verdad que nos funcionó durante los dos últimos años. ¡Volvamos a las sorpresitas de los viernes! El próximo me toca a mí, porque anteanoche ya me sorprendiste tú… Me encantó: todo lleno de velas, la música, la mesa puesta, la cena, tú abriéndome la puerta de traje… No me lo esperaba.
–¡Sí! Mira que me ha costado… Y aún así apareciste con pizzas. Siempre te hueles algo o adivinas lo que te he comprado, ¡así es imposible!, me pides que sea más romántico y luego me chafas las sorpresas…
–Ja, ja, ja… ¡lo siento! Es un don y una maldición, como un superpoder.
Reímos. Nos besamos. Nos abrazamos. Nos besamos de nuevo y trasnochamos. Nuestras sábanas volvían a estar calientes.
–Entonces, ¿mañana irás al concierto?
–Ahora ya puedo ir sin ti… así que creo que sí, no bailo desde nochevieja y tengo el mono, y las últimas veces que salimos al final no bailé; sí, voy a ir. ¿Te parece bien?
–No me hace mucha gracia… Pero confío en ti, y además es una buena oportunidad para practicar lo que hemos hablado.
Le abracé.
–Gracias por confiar en mí, pero también tienes que confiar en ti. Yo confío en nosotros.

 

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