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Water me (Riégame)

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FKA Twigs – Water me

Bruce Lee – “Be water, my friend”

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Hay momentos que se convierten en espinas al recordarlos,

 

momentos inflamables

 

que simplemente se desvanecen sin saber por qué,

 

como estrellas de nieve suspendidas en el aire

 

que nunca llegan a cuajar,

 

disolviéndose antes de besar el suelo,

o tu mano,

para no volver jamás

(tú y ella a solas en el coche).

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Nos refugiamos en ser como el agua

 

y fluir hacia abajo, dejándonos llevar

 

como hojas que navegan sobre la corriente.

Déjalxs que sean como, nosotrxs seremos agua,

 

porque lo buscamos todo.

 

Déjalxs que sean como, nosotrxs seremos conscientes,

 

porque lo necesitamos todo.

 

Hay momentos sí,DSC_0033

que se recuerdan como espinas de lo que fue,

y como pétalos que podían haber sido.

 

¿Sin saber por qué?

Déjalos que sean como el agua.

Yo quiero ser agua, fluir hacia adentro,

penetrando lo profundo de la tierra,

anegando así mi ignorancia,

asfixiando la inconsciencia.

 

Sin saber por qué llegaste a mí.

Water me.

 

Tú puedes saberlo,

recuerda, reflexiona,

aquel momento…

Abre los ojos, se hielo;

la realidad puede ser agua

que cristalice, ahora,

vistiéndose para ti, ahora:

se hielo, ahora.

 

¿Preparado?DSC_0044-1

 

Seré agua por ti,

 

calándote hasta la roca madre,

 

ascendiéndote freático,

 

solo por amor desinteresado

 

a que florezcas,

 

como otrxs hicieron antes por mí

 

(tú y ella de camino al coche;

primero estabas algo ebrio, después inquieto),

el momento hecho añicos,DSC_0056

 

antes de nacer siquiera;

 

la sinceridad te abrirá siempre más puertas de las que te cierra,

las que te valgan la alegría traspasar;

porque como el agua solo podemos seguir el sendero,

arrastrando lo que hay ya sobre el lecho,

llevándonos los nutrientes que son los que hacen fértil el subsuelo,

lavando los errores de los que no aprehenderemos,

sin crecer.

 

Riégame.

 

Se agua,

 

empapa, mézclate, mantente abierto, se sincero

para poder llenarte de los minerales que dan lxs otrxs; y alimenta,

a lxs demás y a ti mismx, y bebe y crece, germina,

sal de la tierra que te cobija,

 

hacia la luz,DSC_0050

 

de donde somos todxs.

 

 

(Tu mano sobre la de ella, una fracción),

la estrella de agua que cristaliza,

(ella que te mira con el ceño prendido

del imperdible de la empatía,

que te pregunta a cada segundo si estás bien),

¿no lo ves? Lo puedes ver,DSC_0034

vuelve atrás, cristaliza el tiempo:

la preocupación detiene el crecimiento,

como los incendios,

 

(bromeando sobre cómo mantenerse despierto,

sobre dónde estarán en la ciudad los desiertos),

buscamos fuera los camellos,DSC_0034-2

cuando resultaba que los teníamos dentro.

 

Porque somos agua,

 

y en nuestra bipolaridad reside la grandeza

 

de su consciencia, no de su debilidad.

 

 

(El momento se desvanece);

no se puede forzar a la nieve,

se evapora, entre nosotrxs,

por no aceptar lo que el aire nos da

tal cual,

(una conversación marchita,

una resaca, solo, a medio día),

qué diferente podría haber sidoDSC_0072-1-1

si hubiésemos sabido ser agua,

y navegar nuestra propia corriente…

 

¿Podría?

Tal vez tampoco,

(tal vez ella sólo quería conversar contigo y tú…

tú despertar junto al otrx).

 

 

Tal vez,DSC_0090

 

después de todo,

 

sí fuimos agua

 

porque gracias a ti

 

es que he abierto los ojos.

 

Water me.

Arrozales del Faro, Cullera

Arrozales del Faro, Cullera

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Trazos de bluesfolk

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In memory of Ben with love

Ben Sollee – Electrified

Un baile de manos con un solo de lluvia tocando a nuestro alrededor. Once meses de abstinencia y llegas justo a tiempo para cantar con la tierra, exhalando ozono junt@s; las gotas en el capó, percusionistas de la atmósfera, reflejos dorados, verdes y rojos sobre el asfalto son tus luces de escenario. Las parras de graciano también cantan, al fin el estrés se humedece relajando los sarmientos. Pero llego tarde a la cita con tus manos y la lluvia entorpece el tráfico.

 

En el sexto cielo, entro a una sala bipolar de blancos y negros fraccionada de columnas. Llego con el corazón baqueteándome el pecho, el pelo humedecido, la piel incómoda. Me siento en el suelo, pulido como un espejo ensombrecido, junto a otr@s. Y el baile de manos, enmarcadas por tus piernas, me embarga la visión nublándome el cuerpo, comienza a llover en mis oídos y de pronto, exhalo calor: estoy electrizada, llena de tu voz y de tus dedos. Y el día, que se va limpiando con el rasgueo de tus cuerdas. Y como la tierra, mis dedos también quieren sudar ozono para quienes respiran; saco bolígrafo y una libreta.

Trazos de bluesfolk desenfocada

Trazos de bluesfolk desenfocada

Te secuestro del brazo, te llevo de aventuras por una Valencia embriagada de gotas y destellos que solo se deja ver cada tantos meses. Apenas intercambiamos voces, tú no hablas español y yo no quiero descuartizar el americano, pero nos entendemos en el mismo idioma: nuestras palabras son las de los dedos. Tironeo de tu camiseta (¿era de manga corta o larga? No lo recuerdo, pero sé que tu chelo es parte de tu familia, tal vez regalo de tu padre por lo que cuentas, y que debe de haber crecido junto a ti, se ve en las comisuras desgastadas de su talle), como sea, tironeo de tu camiseta y te señalo con el dedo el otro lado del puente. Arriba, las gárgolas lo custodian bajo la atenta desgana de la gente, pero nosotros estamos en el cauce de un río sin agua, y tu mirada sigue mi dedo en el abrigo de la lluvia que nos envuelve, descubres las ventanas góticas que iluminan cada flanco de ese puente que nos llama la atención de lo cotidiano e invisible.
Nos movemos de techo en techo y tiramos por donde nos lleva la corriente. Venimos de un techado de columnas, frente a un abovedado de cristales que sé que te debe de haber gustado; te he contado sus intrigas palaciegas de jazz y de naranjo, del espacio vacío, a nuestro costado, con forma de anfiteatro al aire libre que se llena en verano de melómanos desposeídos, y de los fantasmas de la fuente, que salen de su encierro cuando el agua con el viento es un geysir.
La siguiente casilla no es a cubierto, es en el patito feo de los estanques que son espejo del ego de un arquitecto; no refleja aparentemente nada, pero una vez más tironeo de ti. Esta vez te resistes, y aunque no puedo ver tus ojos a través de tus cristales y los míos, plagados de bolitas, sé que piensas que estoy loca. Te quedas con el umbráculo de paraguas, mientras adentro los pies en el hermano pequeño. El agua solo me cubre las suelas, de nuevo con el dedo te lo muestro. Dando saltos entras conmigo en la charca, me río ante tu ceño prendido con un imperdible y tus hombros levantados tratando de protegerte del agua el cuello. Cuando ya estás todo mojado, retomo tu atención sobre el lugar; lo que te he venido a mostrar no está en el cielo, está abajo, sobre el suelo. Estamos en medio de una bandada de gotas, te cierro los ojos, los cierro, ahí está el sonido, la orquesta, el estallido. Ahora te llevo debajo de uno de los monumentales edificios baldíos; te dejo en un extremo y me voy al otro, tú haces amago de seguirme, no comprendes (cómo vas a poder hacerlo si la magia reside en la intriga y el desconcierto), con la palma de la mano suspendida en el aire te detengo, al otro lado del arco majestuoso y blanco te saludo por tu nombre hablándole a la construcción; ¡me oyes! Y te sorprendes de hacerlo. Jugamos al hilo telefónico como dos chiquillos. Uso las palabras porque no te veo, estoy con la cara pegada a la piedra, y la piedra no juzga, solo padece la intemperie. En un arrebato de intimidad te susurro a través del edificio la única canción que me sé, muy apropiada: alma de blues.
Por último, te dejas llevar al puerto; atracamos en una nave desierta, hay techo, acribillado de goteras. Te lo presento, y a las palomas que lo dormitan, como puedo te cuento que es hogar de skaters y rollers, también acuden desahuciados de la ciudad sobre bicicletas. Por última vez te hago el gesto de cerrarte los ojos solo tocando el aire. En esta ocasión el sonido de la bandada es de patos metálicos; la hilera de banderas que son estiradas y replegadas por el viento sobre los mástiles. Te pido que te despidas, también nos echan de este refugio que encontramos en medio del banal ruido, y aunque algún día volvieras, jamás podrías volver a escuchar a este edificio: el lugar va a ser reconstruido. Nuestras manos bailando el lenguaje de la imaginación.

No podría decírtelo a la cara (no sé si me comprendes, o si te importa el rastro de lava fértil que el eco de tu voz deja), así que te lo escribo y dibujo en un trozo de papel. Y me quedo sin habla cuando te lo entrego, porque el mundo me roba mi auténtica voz malinterpretando esta canción, porque este mundo creado deja las aventuras entre desconocidos que podrían hacerse amigos para la ficción, y la magia asfixiada en nuestro interior. Tú lo dijiste: es asombroso cómo lxs españolxs se divierten en calma.
Así que ni lo intento, no podría decírtelo a la cara, solo puedo darte las gracias y entregarte este trozo de papel con el burdo intento de hacer realidad uno de los deseos que nos confiesas en micro abierto: In memory of Ben with love.

 

Quedarme con el regalo de tu voz y de tus derrapes sobre el chelo. Alejarme y disfrutar de la magia en soledad, soñando con encontrarme con l@s que pueda compartir esto, dentro de un coche, lleno de lluvia, agradeciéndote la experiencia. Porque si lo imaginas es real.

 

Trazos de bluesfolk (en cartón a spray y relieve)

Trazos de bluesfolk (en cartón a spray y relieve)

Una obra de arte no se acaba: se abandona 2/2

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Fever Ray – If I had a heart

Subtitulado en español

 

(Si no puedes ver el “vídeo” aquí abajo el texto)

No tengo miedo a perderte, me crié acunada por la oscura muerte plagada de estrellas, donde solo yo admiraba su belleza; tengo miedo a tenerte, que te quedes y me sigas dando esta paz y esta balanza con la que pinto cuadros y mi día a día. ¿Qué hago con este algodón de azúcar sino es comérmelo? Y “qué hacemos con lo cotidiano sino es sacarlo de sus casillas”. Aceptar lo inconcluso, la escotilla abierta por la que entra el agua. Resignarse a la belleza de lo que uno es y aborrece. Bailar este tango con el diablo o con la muerte. Hacerle un striptease al desencanto. Vendarle los ojos al aburrimiento. Llenarle la boca de flores al retorcido. Atarle las manos a la inercia. Despertar cosquillas al enfado. Masajearle los pies a la impaciencia. Contarle un chiste a la contrariedad. Mirarte, mirarme; te veo ahí dentro, agazapada, de esta no te libras, me abrazaré fuerte hasta que se me duerman los demonios de aburrimiento. No del todo tampoco, lo suficiente: tenerlos aletargados para que sigan alimentando con su fuego. El que viene de las llamas sin llamas es que muere, a manos del oxígeno. Ser como los demás: la musa de alguien que los observa con avaricia, con ojos de nuevo, con el ceño siempre fruncido y la maleta en la mano. A falta de no poder ser los demás, ser uno mismo, ser el escritor y la musa. Salir a buscar el corazón en otra parte; la de los demás. Oír de nuevo tambores en la carótida cuando te rodea la neblina de lo desconocido; la humedad que riega tu intelecto, desbocando neuronas sobre el papel.

Qué es lo que me pasaba…

Y todo comenzó con un verso que se recuperó entre otro verso.

La poesía. La poesía que despiertan tus labios sobre los míos. O su ausencia. La poesía que viaja rápido entre las medias de tus letras. ¡Mujer tenías que ser!: poesía. Para volverme loca entre tus piernas. Y quien no te adore que no te venda. Que de versos voy y vengo, y en versos me desharé; despacio. O vertiginosa como cuando con tus fonemas me das el orgasmo. Cualquiera que sea la lengua que te mencione tiene el poder de desenterrarme. Quien no te sienta que no te pronuncie, aunque te entienda. Porque sintiendo se puede amar lo que no se comprende, pero no se puede aunque se entienda si no se siente.

Y la cama prendida de la bombilla del cielo nocturno. Y todo fue por la mención de un solo verso; ayer, hoy. El mío en el tuyo, el tuyo que resultó ser suyo.

Y como en algún lugar hay que poner el punto final, porque es el punto final el que da inicio al principio…, aquí mismo, pues da lo mismo el fin, como el principio mismo.