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Monolítica

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“El interior del túmulo latía con la danza de las llamas. Olía a tierra húmeda caliente. Sombras, de cerámicas y divinidades talladas en hueso, aguardaban mi último suspiro, como yo mismo. Las caras de los míos se coleccionaban titilantes a mi alredor. Sólo cabía el silencio.

Hasta que una ola de murmullos fue creciendo, interrumpiendo así mis últimos recuerdos…”

(Continuación: http://lasdoscastillas.net/monolitica-por-alisa-de-trevi-escritos/ )

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En el limbo

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"Estar en el limbo"

“Estar en el limbo”

MØ – No Mythologies To Follow

Todo está perdido: perdida la relación, perdido lo que pudo haber sido.

 

En toda transacción sentimental hay un limbo; un purgatorio, un estar al otro lado desde donde se mira a los otros niños jugar. Ell@s saben jugar, por eso es que juegan; sus padres debieron de enseñarles, o por lo menos, darles el espacio para salir a la calle a hacerlo.

Hoy los niños no salen corriendo con el bocadillo de jamón en una mano y la pelota en la otra, sí lo hacen, pero lo hacen en los parques, en las zonas habilitadas para el juego. Se quiere volver todo tan civilizado… Se avanza y se retrocede lo avanzado más uno. Sin embargo se prefiere jugar sol@ (los niños digo), encerrados en la casa, enchufad@s a un cable de corriente continua. Ya no se ven peatones esquivando cañonazos de “vida o muerte” ni siendo invitados secuestrados de un limbo en que el palo es una goma elástica de paquetería, y por la que han de pasar por arriba en vez de por debajo. Antes los juegos iban en zapatillas de andar por casa, ahora, si no son de marca no es divertido.

En esa época en la que me tocó ser niña, el limbo aún no era un juego de baile; era una palabra indefinida con la que los adultos te acusaban de permanecer en un estado más de lo razonable. “Estar en el limbo” tenía un aura negativa, el limbo. Pero ahora, conforme maduro, miro con melancolía el limbo cada vez que parte. No hay un limbo que sea enteramente limbo. El limbo existe como el margen del juego, donde l@s niñ@s deciden a qué se juega, quiénes son l@s cabecillas y, cómo se reparten los nombres.

Fuera del limbo, ahora, ya no hay huevos ni verduras de la huerta a cambio de la compañía, de la mera atención por L otr@, del agradecimiento. Ya el juego se ha definido y el tiempo para el cortejo ha acabado.

Aquella relación que tuvimos está perdida, pertenece al pasado: al limbo.

Perspectiva desde el limbo

Perspectiva desde el limbo