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Al espejo

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Pushing Away – Kevin Garrett

https://youtu.be/FilQRUxzoX8

Estación de tren de Canfranc

Abrázame fuerte,
Rodea mi cara
Entre tus manos,
Susúrrame que,
Siempre,
Mantendrás mis manos
Calientes, que
Me harás reír
Cuando nos encontremos
Paseando entre las calles,
Que
Bailarás a un ritmo que
Sólo sigan nuestros pies.

 

“Abrázame fuerte”:
Digo mirándome
Al espejo,
Rodeándome la cara
Con mis manos,
Susurrándome que,
Siempre,
Mantendré mis manos
Calientes, que
Amándome, aprenderé
A quererte, que
Amándome, podrás
Quererme.

Al espejo - en la estación de tren de Canfranc

Al espejo – en la estación de tren de Canfranc, gracias a Carlitos (el chamán Timao) por hacerme de tan buen fotógrafo, a E y a Ce por darme a conocer aquel mágico lugar, y a todas las personas maravillosas que formaron parte de aquel acueducto mostrándome de lo que está hecho el Amor.

 

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La tragedia de la belleza (corrección)

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(Basado en hechos reales: Dedicado a Santi y a Laura)

Gracias a Luis Sánchez por sus clases magistrales

J’y suis jamais alle
“Yo allí nunca fui”
Yann Tiersen
"El monstruo que hay en mí" dibujo a carboncillo

“El monstruo que hay en mí” dibujo a carboncillo

Tres desconocidos buscan llevar a término un encuentro que

siempre se les escapa, un foro web donde se encuentran, una cita

en el calendario, y al fin, el momento que les alcanza,

compartido en la distancia.

 

La sombra que da tu silueta no la da ninguna sombrilla. Un sol como un disco

afilado, pendiendo sobre la cabeza; pero los rayos colados son indulgentes. Arcilla

terrosa en la cuenca de la mano, salitre en la comisura de los labios, cosquillas

líquidas encauzadas por el valle de la espalda, el brío ansioso del cabalgar blanco

de nuevo chirriando en cada vena. Una camisa que se enrosca alrededor del cuello.

Una chicharra marcando la cuenta atrás. Un mar verde, entre el cielo y el suelo,

transpirando el perfume de azahar…

 

En la penumbra fresca de la tarde, el berrido de un móvil que resuena en la pulcritud del piso: la

soledad de las habitaciones, las superficies de los muebles brillantes y despejadas, las revistas

apiladas sobre el escritorio, la ropa doblada encima de la cama, el fregadero vacío, la comida hecha

esperando dentro de la nevera,

la suavidad del pincel acariciando las uñas. “Todo listo, el último esfuerzo y, después…” No habrá

después, dice una sonrisa. De música ambiental, las risas y los gritos de los niños en el parque

entrando por el balcón abierto, trinos de vencejos sobre el circuito de la plaza. El esmeril en la planta

de los pies lijando sus últimos pasos; un culotte de transparencias negras y ribetes naranjas que

erizan los muslos en su ascenso, el camisón de raso que a él le gusta, humedecido por el calor bajo sus

senos, pezones delimitando la tela. Y la cuerda, áspera y rugosa, que susurra crujidos entre sus dedos.

Es el momento: justo, alineado, exquisito…

“… The nights go on
Waiting for a light that never comes
I chase the sun
Waiting for a light that never comes…”
Linkin Park & Steve Aoki – A Light That Never Comes

De azahar, impregnado el sudor en unas manos, que tiñen una camisa de tierra,

enroscándola alrededor de la tráquea como una constrictor. Una serpiente con

mangas blancas que cuelga sobre el torso desnudo. El perfume de esta tierra de flores y

de luz exhalando su adiós definitivo, el zumbido de las abejas sosteniendo el mundo,

los gorriones yendo y viniendo. Unos músculos moldeados que anudan las mangas vacías

de carne, llenas de voluntad, al brazo de uno de los árboles. De rodillas

sobre la tierra grumosa. De la noche anterior, aún mecido en medio del eco del aliento a

malta tostada…

 

“… And I hate that I’m always so young
Have me feeling like you are the one
And it’s never gonna feel like it’s time
Cause it’s never gonna change
Never gonna change…”
BROODS – Never Gonna Change

Exquisito es el hilo que trenza infinitos hilos incapaces de disolverse con un lavado de

estómago vía intranasal; un hilo, como un acuerdo que ya no se puede cortar,

sosteniendo una vida entre sus hebras, la de quien lo anudó. Una cuerda que

espera a que se abra la puerta para completar su existencia y, que aparezca él. “No, así

sí, pero no.” Entonces, con los pies en el suelo, un mensaje que se envía desde el

porvenir…

“… When the flood gates open, erase the shores
At best you don’t care that it breaks some doors…”
Linkin Park

A malta tostada saben los principios que fueron finales desde su comienzo, a ese reflujo

ácido que dejan tras de sí los pactos vinculantes que se firman al final de una soga,

y no de un contrato matrimonial. Pendida de un hilo: la esperanza; la vida. Pero los

watsapp ya no se pueden contestar desde el más allá. No hay sombra como la de las

ramas y hojas. El perfume que ya llega al paladar. La gravedad de la voluntad es lo que

tira del improvisado patíbulo; ni es el peso ni la fuerza ajena, son las ideas. Con las

rodillas cobijadas en tierra, el peso muerto de los pensamientos, el sabor del azahar

como último sustento, el tacto de la corteza en los callos, la camisa que estrangula

el peso de la carga que se libera, la lengua que se expande en silencio dentro de

la boca para decir lo que nadie se atreve: “estoy mejor muerto, es lo mejor para todo el

mundo; mis hijos, mi ex… Mejor muerto sí, por fin el mono desaparecerá”, la nuez que

quiere tragar una decisión, y al fin, la paz con el abrazo en la garganta. Las manos caídas

a los costados del tronco, las rodillas en tierra, su camisa anudada a la rama de un

naranjo y a su cuello: así es como lo encuentran.

 

“… And I hate that I can’t say your name
Without feeling like I’m part of the blame
And it’s never gonna feel quite the same
But it’s never gonna change…”
BROODS

Desde el porvenir se escribe: “No vengas solo mi amor”. Pendiendo de la lámpara de

forja, una soga de triple nudo con un lazo adornando el envoltorio en mitad del

comedor. La sorpresa es el cuello de ella al final del lazo: “para algunos, vivir es más

que un esfuerzo”, las rodillas semiflexionadas con los pies desnudos y las uñas pintadas

de naranja arrastradas por el piso recién pulido, la cabeza ladeada con el cabello

planchado recogido sobre uno de los hombros, la piel de debajo de la cuerda envuelta

en seda, el móvil sobre la mesa, al alcance de la mano, como única carta de despedida.

El clic de la llave abriendo la cerradura y el “espera, no entres, vamos nosotros

primero”.

Surrey Dance Music – Winterling

“La idea de la muerte siempre estará ahí, como una salida.

Tienes que aceptarla, y aprender a convivir con ella”,

es lo que me dijo el Dr. Zafra en la consulta de psiquiatría,

una semana después del accidente

que me impidió acudir a la cita.

Dar las llaves de tu vida a un zombi y

echarse a dormir contra el cristal de la ventanilla.

 

Se dice que nadie ha vuelto de la muerte para contar lo que hay más allá,

también hay quien dice que la muerte es injusta,

que el suicidio es egoísta, y que los accidentes son

impredecibles.

Lo que yo digo es que a veces,

todo esto, pero solo a veces.

A veces hay quien sobrevive para expresar lo que otros no pudieron,

para contar una historia que se evita;

a veces, algunas veces, la muerte es una elección,

el suicidio es una tara, y los accidentes son decisiones de

nuestro subconsciente.

 

Nunca los llegué a conocer en persona, nunca oí sus voces, y nunca

nos preguntamos a cerca de nuestros motivos al encontrarnos en aquel

foro para suicidas: nunca hizo falta.

 

Pero aún pienso en ellos, y en aquel día.

23 de enero de 2005

23 de enero de 2005

Una obra de arte no se acaba: se abandona (1/2)

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Bajofondo – Cuesta arriba

(Para lxs que no puedan ver el “vídeo”, a continuación el texto.)

Pero qué es lo que me pasa!
Pero qué es lo que te pasa?

Llegas de la nada, como una neblina matutina, me envuelves con tus palabras húmedas, me calas con el espíritu y remueves la tierra en la que se asientan mis suelas. Tú no eres la respuesta, eres la pregunta; la pregunta que es una nube acosadora de sueños. Y dentro de tu traje gris me siento como un guante. Pero sigues sin ser la respuesta, eres la pregunta infinita. La pregunta que atiza la paradoja de mi esencia. La escusa para seguir siendo yo misma perdida en medio de la niebla vespertina. A todas horas, rodeada de ti, a todas horas; me asfixias, voy atada a tu cintura con un tango mediando entre nosotros. Y si pudiera meterme la mano por la boca y bajando por la garganta prendiendo con mis uñas tu pelo llegar al fondo de donde habitas, y arrancarte como un vómito. Tu mano en mi cuello, deslizándose por la espalda, la confianza de la gravedad en mi peso, mi peso, todo mi peso sobre mi cuello y mi cuello en tu mano, suspendida la alegría, el suspiro y la náusea. Te juro que de mi arrullo te arrancaría, si pudiera. El poder es un mañana que no sé si llegará. Te mandaría lejos, con los que me dieron la vida con la que hoy juego. Te dejaría envuelta en esa niebla como una manta, y lloraría tu pérdida como también lloraría si no te fueras. Como lloro tinta ahora porque eres parte de mí, y yo de ti, más de lo que quisiera, siempre de ti.

¿Qué es negro por fuera, por dentro blanco, y luego, blanco por fuera, negro por dentro? Así rezará mi epitafio, el final será como el principio; un epitafio sin tumba labrado a golpes sobre la carne del espíritu y la mente, incapaces de concebir la gloria sin tormento; y el tormento como argamasa agradecida que construya la alegría.

Pero qué es lo que te pasa!
Pero qué es lo que me pasa?

Qué te ocurre que vienes a remover la tierra que me reúne y me sustenta. Qué me ocurre que abro la puerta a desconocidos cuando al fin la paz habita mi hogar: hogar. Me ocurre que soy hija del aceite y el mar; que llevo transcrito en mis genes el ADN del suicidio. Quién imaginaría que el peor suicida no es el que lo logra, sino el que decide jugar al tango con la muerte.

Siento tus dedos en mi garganta; cómo se me acalora la carne y la tregua: la humedad de tu lengua absorbiendo el sudor de mi axila, mi dedo entre tus dientes, mi pierna cercando tu cintura, una roca viva endureciendo tu bolsillo, la siento a la altura de mis ingles, la leche derramada sobre el vientre, mi aliento sobre tus párpados, el temblor de una caverna entre callosidades: hacer sexo con las palabras y el amor con los pies. Subiendo y bajando. Arriba como abajo. Tu mano mis ojos tus dedos mis pupilas tu nuez mi clavícula el perfume de tu barba en la mandíbula y mis transparencias ocultas.

No sé si sé lo que me pasa. Pero que me ocurra contigo. Con ningún otro, amor mío. Fantasías que sé que son quimeras. Y por ello es que las tengo y anhelo. Mas cuando se hagan carne o tierra desvanecerán mi interés; respira. Y aunque lo sé, me dejo y me atormento. Porque sin ti, mi niña muerte, no sabría lo que es vida. Porque sin ti, mi dulce tormento, no apreciaría rogando al cielo por lo que más quiero.

La tragedia de la belleza (Basado en hechos reales)

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Nebulosa de brillos, sombras y color

Nebulosa de brillos, sombras y color

Yann Tiersen – J’y suis jamais alle (intro)

 

La sombra que da tu silueta no la da ninguna sombrilla. Arcilla en la cuenca de la mano; salitre en la comisura de los labios. Un sol como un disco afilado, pendiendo sobre la cabeza. Cosquillas líquidas encauzadas por el valle de la espalda, un mar verde entre el cielo y el suelo, transpira el perfume del azahar. Una camisa alrededor del cuello…

DSC_0825

Perspectiva de lo que pende

En la penumbra fresca de la tarde. Un móvil que devuelve el eco del vacío: la soledad de la casa, todo en orden, limpio y recogido, la suavidad del pincel acariciando las uñas. Todo perfecto. La ocasión definitiva, que esté todo perfecto. De música ambiental, las risas y gritos de los niños en el parque, trinos de vencejos sobre el circuito de la plaza. El esmeril en la planta de los pies. Un culotte de transparencias negras y ribetes naranjas que erizan los muslos en su ascenso. El camisón de raso que él prefiere, humedecido por el calor bajo sus senos, pezones delimitando la tela. Y la cuerda, áspera y rugosa, entre sus dedos. Es el momento, justo, alineado, exquisito…

 
Linkin Park & Steve Aoki – A Light That Never Comes

La tragedia de la belleza

La belleza de la tragedia

“… The nights go on
Waiting for a light that never comes
I chase the sun
Waiting for a light that never comes…”

Del cuello. Unas manos sudorosas que tiñen una camisa, enroscándola alrededor del cuello como una constrictor. Una serpiente con mangas que cuelgan sobre el torso desnudo. El perfume de esta tierra de las flores y de la luz suspirando su adiós. Unos brazos moldeados anudan las mangas vacías de carne, llenas de voluntad, al brazo de uno de los árboles. De rodillas sobre la tierra grumosa. Aún mecido en medio del eco de la malta tostada…

 

La tragedia de la belleza

La tragedia de la belleza

BROODS – Never Gonna Change

“… And I hate that I’m always so young
Have me feeling like you are the one
And it’s never gonna feel like it’s time
Cause it’s never gonna change
Never gonna change…”

Exquisito es el hilo que trenza infinitos hilos, sosteniendo una vida entre sus hebras que lo sostuvo a él primero. Una cuerda que espera a que se abra la puerta para completar su existencia y, aparezca él. No, así sí, pero no. Un mensaje que se envía por el móvil desde el porvenir:

 

“… When the flood gates open, erase the shores

Camino de sombras

Camino de sombras

At best you don’t care that it breaks some doors…”

Linkin Park

 

 

La malta tostada es unos watsapp que no se contestan. Pendida de un hilo la vida. No hay sombra como la de las ramas y hojas. El perfume que ya llega al paladar. La gravedad de la voluntad es lo que tira de la improvisada soga; ni es el peso ni la fuerza ajena. Con las rodillas cobijadas en tierra, el peso muerto de los pensamientos, el sabor del azahar como último aliento (para algunos, vivir es un esfuerzo), el tacto de la corteza en los callos, una camisa que estrangula el peso de la carga que se libera, la lengua que se expande para decir lo que nadie quiere oír, la nuez que quiere tragar una decisión. Y al fin la paz con el abrazo en la garganta, las palmas sobre el tronco y los pies en tierra; así es como lo encuentran.

Entre tus piernas

Entre tus piernas

“… And I hate that I can’t say your name
Without feeling like I’m part of the blame
And it’s never gonna feel quite the same
But it’s never gonna change…”

BROODS

: “No vengas a casa solo”. Una soga de triple nudo con un lazo adornando el envoltorio en mitad del comedor. La sorpresa es el cuello de ella al final del lazo, con los pies desnudos y las uñas naranjas sobre el piso recién pulido, las rodillas semiflexionadas, la cabeza ladeada con el cabello planchado recogido sobre uno de los hombros. El clic de la llave abriendo la cerradura y el “espera, no entres, vamos nosotros primero”.

Yann Tiersen – J’y suis jamais alle

“La idea de la muerte siempre estará ahí, como una salida. Tienes que aceptarlo, y aprender a convivir con ella.”

Dr. Zafra, psiquiatra

Diáfano de brillos, sombras y color

Diáfano de brillos, sombras y color

 

 

Donde acaba el arcoiris

Donde acaba el arcoiris

La paradoja de ver

Paradoja de ver

Perspectiva suicida

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DSC_0710Por cuenta de los acordes de
“All I want” de la musa Kodaline.

Todo alrededor se desmorona. Los edificios permanecen, el cielo vuela, la vida de las personas que me rodean sigue. Y sí, yo también estoy en ellas. Pero aunque mis ojos perciben la realidad tal cual es… a mí, me invade la tristeza. En mi interior siento cómo los ladrillos, uno a uno, se aíslan; y entonces es cuando los edificios se desmoronan. El desasosiego se apodera de mí. No hay razón. Lo más desesperante de una mente suicida no es sentir la muerte como única salida; sino dejar de necesitar esa salida, y aún así, seguir descubriéndote acariciando la idea de la muerte. La muerte como un eterno reclamo; es el santo y seña de l@s suicidas. Cuando era desgraciada, cuando tenía motivos para querer huir de una infancia maltratada, o de una adolescencia conflictiva y llena de paradojas que me torturaban, o incluso, de una primera juventud solitaria… era lógico hasta buscar la muerte. Investigar durante horas sobre el mejor modo de suicidarse. El suicidio perfecto. Suicidarse resultó complejo, las variables debían cumplir ciertos requisitos. No sentir dolor no era negociable. Si uno decide irse para no sufrir no tiene sentido hacerlo sufriendo. El suicidio también tenía que ser práctico para l@s que tendrían que descubrir mi cuerpo. Una bañera llena de sangre era una putada, además de una guarrada; por más que la muerte fuera a llegar a ti calentita y envuelta en la neblina del vapor de agua, pensar en la escena que dejaría atrás… estresaba. También estaba la cuestión de la presión; hincar los dientes lisos de una cuchilla en tu propia carne es más difícil de lo que parece, aún más en una persona por lo general pacífica. Y aprovechar la embestida de un ataque de ira… era imprevisible. Recuerdo aquellos días; la muerte era sencilla de comprender, era: la salida.

La mente suicida es similar a la mente anoréxica. El suicida sufre un desarreglo mental y emocional; la realidad que siente y, por ende, la que vive, no tiene porqué corresponderse con la realidad que le rodea, incluso con la que vive una parte de sí mismo. Lo más desesperante, como decía, no es sentir la muerte como la única salida; es conseguir al fin una vida satisfactoria, una felicidad, y a pesar de ello, descubrirse buscando el suicidio perfecto. Por si acaso; para el futuro, que nunca se sabe. Una muerte como un sueño… pero no tan lenta como la hipotermia.

Cuando al fin ya no estoy sola, cuando miro la realidad social y doy gracias con lágrimas de felicidad en mis mejillas por lo afortunada que soy…, cada vez que cambia el tiempo y mis secuelas físicas me recuerdan la suerte que tuve, que hago lo que me gusta, y… lo primero que pienso es: “Perfecto, ya me puedo morir tranquila”.
Después de mi primer intento de suicidio, una amiga me dio el recorte de una revista, aún lo guardo; el artículo se titula: El suicida egoísta. “Es la mayor brutalidad que uno puede cometer contra las personas que te quieren”, cita. Pues bien, es hora de abrir los ojos y la mente a todas las demás perspectivas. Querid@s familiares, querid@s amig@s, querido mundo, ¿quién es el egoísta? ¿Quién me pidió permiso para traerme y para criarme en ese hogar y en esa sociedad? ¿Quién es el egoísta?, ¿el que se muda en busca de una vida mejor sin tener en cuenta cómo afectará su decisión a las vidas de los demás, o quienes se quedan atrás sufriendo por su partida sin ver que es el deseo y la felicidad de esa persona marcharse? ¿Por qué lloramos y sufrimos cuando alguien se muere y no cuando alguien se muda a otro país? Tal vez porque si solo se muda podremos volver a ver a esa persona o hablar con ella cuando nos apetezca… Entonces, ¿lloramos ante la muerte de alguien por el muerto o por nosotros que ya no lo veremos?

El suicidio, como cualquier realidad, no se simplifica por el mero hecho de facilitarnos su comprensión a los mortales. Las realidades son cebollas; son complejas, que no complicadas, y el suicidio, como tal, también lo es. No existe un “mi libertad acaba donde empieza la del otro”, porque nuestras vidas, nuestras libertades, no están imbricadas, sino enmarañadas; queramos o no, nos gusté o no. ¿Es lícito que una persona prohíba a otra elegir? ¿Es la libertad de un fumador contaminar el aire de un no fumador? ¿Y es la libertad de un no fumador prohibir al que fuma de su decisión?

Cada día es como llevar una piel de plomo, como hincharse los pulmones con mercurio al respirar. Vivir como un ejercicio en bucle infinito de paradoja masoquista. Ser consciente: mi cuerpo está programado por los milenios para sobrevivir, y se debate entre el deseo de la vida de cada célula y la muerte que piensa; mi mente juguetea con la idea de morir, persiguiéndola a veces, sometiendo a mis genes a su raciocinio; y mi corazón… mi corazón suplica clemencia, y confuso, al final enferma; y la enfermedad va y vuelve, año a año. Y si en verdad quiero vivir, ¿por qué no dejo la muerte para cuando simplemente me llegue?

Para un suicida, vivir es más que una pesada carga. Pero cada día está lleno de belleza. Y resulta que la pesada carga merece la pena ser llevada: no por las personas que me rodean; sino por mí. Y la muerte… la muerte, al fin y al cabo, seguirá siendo mi amiga imaginaria, siempre estará ahí, como un consuelo.