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Me basta con un soplo del cielo para escribir; pero no, para vivir.

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Steffany Frizzell – Closer
http://youtu.be/6iA0rGY_ig8

 A Manu Fernández,

por ser de la misma subespecie.

Veo el cielo frente a mí, en movimiento. Las nubes con su pesada carga gris se alejan, viven en las alturas. Su pesada y preciada carga… ahí van, ligeras, con aplomo. Alejándose se llevan la vida. Y yo, aquí, resto, esperando; esperando un rayo que me parta, una señal, una mano extendida desde la nada que venga a levantarme. O a empujarme. Postrada con una lluvia con la que no sé qué hacer. Las nubes conocen su destino, y siguen el camino que los vientos trazan. Yo no soy un 75% de agua: soy un cactus. Será esa la razón por la que no sé qué hacer con toda esta agua que riega ahora mi vida…

Sé que me sobran espinas. Pero nací en el desierto, y ahora, transplantada a un terreno fértil, rodeada de gente, observo con incertidumbre el vuelo del cielo pasar sobre mi cabeza en una película a la que nunca antes pertenecí.

Me basta con un soplo del cielo para escribir mi historia; pero no para vivir. Basta de conjunciones adversativas.

Camino, camino.
Bajo el mar, camino…
“Mi escuela son los demás.”

Gracias a Manu Fernández por crear con sus versos este castillo de arena a partir de mi verso.

Gracias a Manu Fernández por crear con sus versos este castillo de arena a partir de mi verso.

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En el limbo

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"Estar en el limbo"

“Estar en el limbo”

MØ – No Mythologies To Follow

Todo está perdido: perdida la relación, perdido lo que pudo haber sido.

 

En toda transacción sentimental hay un limbo; un purgatorio, un estar al otro lado desde donde se mira a los otros niños jugar. Ell@s saben jugar, por eso es que juegan; sus padres debieron de enseñarles, o por lo menos, darles el espacio para salir a la calle a hacerlo.

Hoy los niños no salen corriendo con el bocadillo de jamón en una mano y la pelota en la otra, sí lo hacen, pero lo hacen en los parques, en las zonas habilitadas para el juego. Se quiere volver todo tan civilizado… Se avanza y se retrocede lo avanzado más uno. Sin embargo se prefiere jugar sol@ (los niños digo), encerrados en la casa, enchufad@s a un cable de corriente continua. Ya no se ven peatones esquivando cañonazos de “vida o muerte” ni siendo invitados secuestrados de un limbo en que el palo es una goma elástica de paquetería, y por la que han de pasar por arriba en vez de por debajo. Antes los juegos iban en zapatillas de andar por casa, ahora, si no son de marca no es divertido.

En esa época en la que me tocó ser niña, el limbo aún no era un juego de baile; era una palabra indefinida con la que los adultos te acusaban de permanecer en un estado más de lo razonable. “Estar en el limbo” tenía un aura negativa, el limbo. Pero ahora, conforme maduro, miro con melancolía el limbo cada vez que parte. No hay un limbo que sea enteramente limbo. El limbo existe como el margen del juego, donde l@s niñ@s deciden a qué se juega, quiénes son l@s cabecillas y, cómo se reparten los nombres.

Fuera del limbo, ahora, ya no hay huevos ni verduras de la huerta a cambio de la compañía, de la mera atención por L otr@, del agradecimiento. Ya el juego se ha definido y el tiempo para el cortejo ha acabado.

Aquella relación que tuvimos está perdida, pertenece al pasado: al limbo.

Perspectiva desde el limbo

Perspectiva desde el limbo